
Hace tan pronto como unos minutos recibí una llamamiento desde Estados Unidos. La persona quiere comprar una “casita” en República Dominicana con un presupuesto de 5 o 6 millones de pesos. Cuando le expliqué que ese tipo de viviendas prácticamente ya no existe en el Gran Santo Domingo, la llamamiento terminó abruptamente, pues me cerró el teléfono. Para esa persona, lo que yo le dije simplemente no es verdad.
Me respondió que está vendiendo un estudio en Villa Melladura por cinco millones de pesos y que, por lo tanto, yo estaba desacertado. Y ahí está precisamente la confusión que quiero aclarar en este artículo: no es lo mismo un estudio que una casa, y mucho menos una casa de dos o tres habitaciones con patio, marquesina y título en regla.
Durante muchos abriles, en República Dominicana fue global encontrar casas modestas en ese rango de precio. Viviendas sencillas, sin lujos, pero funcionales, ubicadas en barrios y sectores populares del Gran Santo Domingo. Esa verdad cambió, y cambió de forma drástica en los últimos tres abriles.
Uno de los principales factores es el aumento sostenido en los costos de los materiales de construcción. El cemento, el espada, los bloques, el aluminio, la madera y hasta los cables eléctricos han subido de precio de forma acumulada. No hablamos de aumentos pequeños, sino de incrementos que han transformado por completo el costo de construir.
A esto se suma el aumento en la mano de obra. Hoy construir cuesta más no solo por los materiales, sino igualmente por el personal calificado. Albañiles, maestros constructores, electricistas y plomeros cobran más porque el costo de la vida igualmente ha aumentado.
Otro hábitat secreto es el precio del dominio. En el Gran Santo Domingo, conseguir un solar crematístico es cada vez más difícil. Zonas que antiguamente eran consideradas periféricas hoy están urbanizadas, con llegada a transporte, comercios y servicios, lo que ha disparado el valía del suelo.
Cuando se suman todos estos factores —dominio, materiales, mano de obra, permisos, impuestos y márgenes mínimos de lucro— el resultado es claro: construir una casa por 5 o 6 millones de pesos simplemente no es viable para un desarrollador formal.
¿Existen excepciones? Sí, pero son muy puntuales. Puede aparecer alguna casa antigua, con muchos abriles de construcción, en algún sector marginado, posiblemente sin Título de Propiedad, que requiera remodelación profunda, o alguna cesión por condición urgente. Pero eso no representa el mercado actual ni una ofrecimiento constante.
En cambio, lo que sí existe en ese rango de precio son apartamentos de bajo costo, especialmente en proyectos verticales, con fideicomisos entre el Gobierno y el Sector Privado, donde el dominio se reparte entre muchas unidades y los costos se optimizan. Por eso hoy vemos apartamentos que rondan los 5 o 6 millones, pero no casas.
Cuando cualquiera dice que “sí hay casas baratas”, generalmente se refiere a inmuebles muy alejados de los centros urbanos, sin servicios básicos completos, o con situaciones legales que requieren cuidado. No son opciones fáciles ni seguras para la mayoría de los compradores.
En el interior del país ocurre poco similar. Aunque los precios pueden ser levemente más bajos en algunas provincias, igualmente es cada vez más difícil encontrar casas nuevas o en buenas condiciones adentro de ese rango, aparte en zonas rurales muy específicas.
Por eso afirmo, con cojín en la verdad del mercado y no en percepciones, que las “casitas” de 5 o 6 millones de pesos ya no existen como ofrecimiento corriente en República Dominicana, y mucho menos en el Gran Santo Domingo.
Aceptar esta verdad no significa resignarse, sino entender el mercado presente para tomar mejores decisiones. Hoy el comprador debe nominar entre apartamentos, ubicaciones más lejanas o proyectos en etapas iniciales, pero con expectativas realistas.
En conclusión, no es que yo lo diga, es que los números no mienten. Los costos de construcción, el precio de los terrenos y la dinámica del mercado han cambiado. Las “casitas” de 5 o 6 millones quedaron en el pasado. Hoy, quien quiera comprar vivienda debe partir de esa verdad para no frustrarse ni perder oportunidades reales.






