EL AUTOR es periodista y sociólogo. Reside en Santo Domingo.
Nos acabamos de notificar que respondiendo al aprecio y los vínculos que le atan a su terruño originario volvió la inquieta, expresiva y bullanguera Juanita con sus maletas cargadas de sueños y lejanías.
Cuentan quienes han tenido la oportunidad de saludarla que en su antiguamente rozagante y encantador rostro ya no abundan los rasgos de la alegría.
Su trajinar luce pausado y pesaroso sin esconder su tristeza generada por los abusivos aumentos de los precios de los principales componentes de la emplazamiento canasta frecuente en la República Dominicana.
Asimismo hay quienes lamentan que tan pronto como la simpática Juanita se enteró que la libra del pollo en Navidad ronda por los 110 pesos sufrió una depresión sin precedentes que la llevó al borde de padecer los insoportables género de una peligrosa sirimba.
Entre ellos no faltaron los que dolorosamente tuvieron que rememorar la amarga experiencia vivida por la seductora y puro dulcinea criolla cuando se enteró que varios de sus apreciados familiares, a plena luz del día, perdieron sus emolumentos y bonos navideños al ser víctimas de despiadados asaltantes callejeros.

Asimismo, existen quienes manifiestan que, a consecuencia de un prolongado corte, la extrovertida y jaranera visitante tuvo que voltear la rumba aprovechando la luz de la retrato llena, limitando la exposición de los provocativos encantos de su piel canela.
Dicen quienes la vieron sufrir aquella decepcionante experiencia que su cuerpo de palmeras amargamente no reflejó, como en otros tiempos, la alegría y el orujo que resbalaba por sus caderas.
De igual modo, nos aseguran que las flores y las sonrisas de la inquieta y persistente Juanita se marchitaron tan pronto como se enteró del pillaje escandaloso en Senasa, al estreno de olvidar los saludos, el calor de la vieja casa, la exquisita tacita de café y la refrescante agua de la tinaja.
Hay quienes amargamente confirman que en presencia de el calvario de problemas que se vio obligada a resistir, durante su decepcionante periplo navideño por su adora media isla del Caribe, la esforzada, laboriosa y extrovertida mujer dominicana no tuvo otra alternativa que marcharse a una tierra ajena.
Eso sí, en el momento de invadir la nave aérea que le permitiría el delirio incitado por la angustiosa frustración acumulada, alguno que le acompañaba, dejando escapar unas lágrimas, exclamó a viva voz:
– Y dijo que no volvía…!!
jpm-am
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