
gustavo,
cuando no creí en falta ni en nadie,
tus acordes gritaban
arbitrio, poesía,
creatividad.
En la ciudad de la furia
abriste un puente,
una buena canción para cantar,
y allí,
entre pila, guitarras y bajo,
el notorio estremecido
fue universo en expansión.
Yo,
residente desconocido de ese temblor,
quise ser ventilación contigo,
huir en tu música,
celebrar en el espacio
la inmortalidad de tu voz.





