EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Durante primaveras, la sostenibilidad y la responsabilidad social fueron tratadas como anexos reputacionales: desde donaciones hasta campañas, pero desconectadas del corazón del negocio. Incluso, muchos negocios la asumían porque a su dueño “le gustaba eso”.
Pero todo sigue cambiando. Hoy, esa método quedó detrás. La experiencia mexicana y los avances —todavía incipientes pero prometedores— en República Dominicana confirman una verdad cada vez más evidente: las empresas que no integren la sostenibilidad en su logística central están comprometiendo su futuro.
El debate ya no es si las empresas deben involucrarse en proyectos sociales, ambientales o comunitarios. La pregunta existente es cómo hacerlo con rigor, impacto y coherencia, evitando la filantropía superficial y la hipocresía corporativa; apostando por transformaciones medibles.
Impulsando buenas prácticas
El Ranking de Empresas Responsables 2025impulsado por Expansión México, ofrece una señal clara de con destino a dónde se mueve el estereotipado empresarial. No se tráfico de buenas intenciones, sino de evidencia. Las empresas evaluadas son medidas a partir de indicadores concretos de gobernanza, impacto ambiental, relaciones laborales, ética corporativa y transparencia.
Este enfoque tiene un valencia clave esencia: convierte la sostenibilidad en un criterio de desempeño, comparable, auditable y sujeto a mejoramiento continua. Al hacerlo, “eleva la vara” para todo el ecosistema empresarial. Las compañías que lideran el ranking no solo fortalecen su reputación, sino que acceden a mejores condiciones de financiamiento, consolidan la confianza de inversionistas y construyen relaciones más sólidas con consumidores y comunidades.
En otras palabras, la sostenibilidad deja de ser un consumición y se convierte en una inversión inteligente.
Hay que hacer la tarea
En el contexto dominicano, el desafío es dispar. Aquí, más que competir en rankings, el desafío consiste en ampliar la saco empresarial que comprende, adopta y gestiona la sostenibilidad de forma estructurada. En ese sentido, la plataforma Empresas Sostenibles cumple un rol fundamental.
Esta iniciativa —impulsada por el Consejo Doméstico de la Empresa Privada y el Software de las Naciones Unidas para el Mejora— pone el afectación en poco esencia: ofrecer herramientas prácticas, diagnósticos accesibles y rutas claras para que empresas de todos los tamaños puedan comenzar o profundizar su transición con destino a modelos más responsables.
Un indicativo estimulante es el nuevo registro a algunas iniciativas empresariales con prácticas prometedoras.
¿Sabías que la sostenibilidad ya no es opcional?
Para muchas empresas, especialmente medianas y pequeñas, aún persiste la idea de que la sostenibilidad es un ostentación reservado a grandes corporaciones. Esa percepción es peligrosa y errónea.
Primero, porque los riesgos ambientales y sociales no distinguen tamaño empresarial. La escasez de agua, la vulnerabilidad climática, la informalidad sindical o la conflictividad comunitaria afectan a todos los actores productivos.
Segundo, porque los mercados están cambiando. Clientes, aliados comerciales e inversionistas exigen cada vez más trazabilidad, ética y responsabilidad. Quien no pueda demostrar prácticas mínimas de sostenibilidad quedará progresivamente fuera de cadenas de valencia más exigentes.
Tercero, porque integrar criterios sociales y ambientales mejoramiento la eficiencia interna: reduce desechos, optimiza procesos, fortalece la relación con el talento humano y disminuye riesgos legales y reputacionales.
Del dicho al hecho
Hacerse cargo la sostenibilidad no implica replicar modelos ajenos ni adoptar agendas abstractas. Implica identificar qué impactos genera cada empresa en su entorno y realizar en consecuencia. Puede ser:
– Programas de eficiencia energética o dirección responsable del agua.
– Proyectos de formación técnica para jóvenes de comunidades cercanas.
– Políticas laborales más inclusivas y equitativas.
– Alianzas con gobiernos locales y organizaciones sociales para blindar el progreso territorial.
Lo importante no es la magnitud auténtico, sino la coherencia, la medición y la continuidad.
¿Avanzamos?
La comparación entre México y República Dominicana deja una aviso clara: no existe una única vía con destino a la sostenibilidad, pero sí un principio popular: la responsabilidad empresarial dejó de ser aspecto voluntario para convertirse en una condición de licitud social.
La República Dominicana necesita más empresas que entiendan que su éxito está íntimamente adherido al bienestar de los territorios donde operan. Requiere empresas que pasen del cumplimiento leve a la contribución activa. Merece empresas que no esperen regulaciones externas para hacer lo correcto.
La sostenibilidad no es una carga. Es una oportunidad para construir negocios más resilientes, sociedades cohesionadas y un progreso que en realidad merezca ese nombre.
info@nestorestevez.com
jpm-am
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