EL AUTOR es periodista y sociólogo. Reside en Santo Domingo.
Por JUAN CRUZ TRIFFOLIO
En procura de aclarar algunas vaguedades formuladas sobre el auténtico compositor del popular villancico dominicano A las Arandelas, igualmente denominado en sus inicios como Propina a la Sarandela, permítanme reproducir, a guisa de dilucidación, una breve reseña publicada en varios medios digitales del país, en diciembre del 2014, bajo el dilatado título A las Arandelas: Un gratificación criollo con mucha sonoridad y que reportó pocos beneficios económicos a su autor
La narración en narración y en extenso destaca lo ulterior:
No del todo satisfecho con los exiguos beneficios económicos recibidos por el hoy clásico tema de la navidad dominicana, conocido bajo el título de “A las Arandelas”, el pedagogo Julio Alberto Hernández Camejo nunca ocultó la gusto que sentía por la proyección doméstico e internacional lograda por su composición al ser interpretada, grabada y difundida por renombrados grupos y orquestas de diferentes latitudes del mundo.
Como afirmación de tal aseveración da cuenta, a finales del 1977, el acucioso cronista primoroso Frank Natera, en un reporte periodístico publicado en la Revista ¡Ahora!, fruto de una interesante entrevista telefónica, trabajo que encabezara : «Propina a la Sarandela ha proporcionado gusto a su autor Julio Alberto Hernández».

Para entonces, el prolifero compositor y músico dominicano, recordaba que se habían hecho diversas versiones de aludido tema navideño pero que, a sostener verdad, no sentía una inclinación exclusivo por ninguna pues «todas representaban para él la satisfacción de un hijo que sobresale y se distingue».
Julio Alberto Hernández Camejo recordaba que «este tema nació en diciembre de 1917» y que tuvo como motivo fundamental «la celebración de las fiestas pascuales en Club Santiago, de Santiago de los Caballeros».
Apuntaba que «este tema nació en diciembre de 1917» y tuvo como motivo fundamental «la celebración de las fiestas pascuales en Club Santiago, de Santiago de los Caballeros».
Sobre el origen del gratificación en narración, el pedagogo Julio Alberto Hernández Camejo recordaba que «este tema nació en diciembre de 1917» y tuvo como motivo fundamental «la celebración de las fiestas pascuales en Club Santiago, de Santiago de los Caballeros».
De igual guisa, resaltó que «el colorido de las Arandelas en los trajes de las bailadoras le simbolizaba la alegría de la época y en verdad fue ese un cifra importante para que naciera el tema con meteorismo navideño».
Dijo que aprovechó ese motivo para materializar la idea que siempre acariciaba de producir un tema de corte navideño que identificara a los dominicanos.
En aquella ocasión, el pedagogo Hernández resaltaba que si otros países tenían canciones y villancicos, «era acoplado que igualmente nosotros, tuviéramos poco».
En torno a la música que sirve de sustentación «A las Arandelas» subrayó que »el gratificación está basado en el folklor popular dominicano, como una forma de proyectar nuestros aires musicales».

A los 67 primaveras de ocurrir procreado la legendaria y contagiosa cámara navideña el coronado pianista y exquisito compositor, hijo distinguido de Santiago de los Caballeros, amargamente refería no ocurrir recibido beneficios económicos «ni en los primeros días de ocurrir surgido ni mucho menos en la presente».
Recordaba que son incontables las orquestas que han llevado el tema «A las Arandelas» al acetato, «llegando algunos músicos a registrarlo como del dominio sabido a fin de no satisfacer los derechos de autor correspondientes».
Igualmente exponía su inconformidad al conocer cómo algunas casas disqueras habían registrado musicalmente su composición navideña.
No obstante lo inicial, a guisa de agradecimiento, resaltaba positivamente, la traducción que de su tema hizo, en aquel momento, el sobresaliente organista ecuatoriano, Eduardo Zurita, quien teniendo como colchoneta «A las Arandelas» produjo un contagioso, llamativo y baile popurrí.
Hernández Camejo falleció a los 99 primaveras de momento, el 2 de abril de 1999, en la haber dominicana, y al igual que don Pacho García, es valorado, adentro como fuera de su tierra procedente, como uno de los grandes cultores y difusores de los diversos ritmos de nuestro folclore, dejando impreso en su obra el sello de su talento, dedicación y versatilidad.
jpm-am
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