Para susurrar del peso político que le yerro a Verón, es importante que conozcamos primero la teoría de la gradación del padre original de la sociología, Max Weber. Según Weber, esta se define por la combinación de tres dimensiones: clase, status y poder; o lo que es lo mismo: riqueza, prestigio y poder. Para Weber, la clase (riqueza) todos sabemos a qué se refiere.
Luego menciona el status (prestigio), que todavía es obvio de entender. Finalmente, en su teoría de la gradación social, menciona el poder. Según Weber, aunque la riqueza y el prestigio son importantes, el poder positivo es el político.
En Verón-Punta Cana hay una lucha que, para algunos —incluido quien escribe—, constituye una yerro de respeto a nuestra inteligencia, precisamente porque no tenemos poder ni peso político-electoral. ¿Cómo es posible que se diga que si Verón es elevado a municipio, Higüey muere?
A sabiendas de que, con el explicación demográfico y financiero, las poblaciones necesitan que el Gobierno se acerque con las oficinas gubernamentales necesarias para asistir a esas demarcaciones.
¿Cómo es posible que se repita, como si fuera poco malo, que Higüey es el dormitorio de Verón, cuando todos sabemos que la multitud gasta más en el circunscripción donde duerme que en el circunscripción donde trabaja?
Pero el colmo de la yerro de respeto a nuestro entendimiento es que hay personas proponiendo que se modifique o que se borre el párrafo I del artículo 24 de la Ley 368-22 de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos, para que ya no diga expresamente que: “Los gobiernos locales que cuenten con la capacidad productiva, económica y de cobro en su demarcación, con una población decano a quince mil habitantes conforme al Censo Franquista de Población y Vivienda realizado en el año 2010, gestionan y autorizan el uso de suelo a través de la Oficina de Planeamiento Urbano creada para tales fines, y en coordinación con el MEPyD para el ordenamiento territorial”, ignorando todavía a todos los demás distritos que cumplen estas condiciones.
Es imperativo que las fuerzas vivas de Verón-Punta Cana, contiguo a toda su población, se levanten a demandar sus derechos, no con huelgas y movilizaciones, sino con acciones más puntuales. Aquí se propone otra pregunta: ¿Cómo es posible que una demarcación tan determinante para el de sarrollo financiero del país cuente solo con poco más de 32 mil votantes, cuando el final censo nos coloca por encima de 138 mil habitantes que, a luceros traza —y tomando en cuenta la cantidad de viviendas y contratos de electricidad—, probablemente esté cerca de las 200 mil personas? Siendo conservadores.
Lo que nos queda, no como retaliación ni venganza, sino como una obligación de todos los que vivimos, trabajamos, amamos esta comunidad y pretendemos seguir aquí, es aumentar ese caudal de votantes. Desde que se broa de nuevo el cambio obligatorio de la cédula, anunciado para octubre, vamos todos a cambiar la residencia, para que así seamos tomados en cuenta y que se lo piensen dos veces antiguamente de irrespetarnos.
QPrimero está el respeto a la ley. Vamos a promover la elevación a municipio, respetar la Ley 368-22, y luego vamos a estudiar de nuevo la mancomunidad económica. ¿O quizá es tan difícil, o de verdad se cree que somos salvajes incapaces de demorar a acuerdos justos?
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