
Susurrar de Hilma Contreras Castillo es charlar de una de las figuras más notables de la letras dominicana. Nacida en San Francisco de Macorís en 1913, fue narradora, cuentista y ensayista de gran sensibilidad, destacándose por su fina prosa y su visión humanista. En 2002, se convirtió en la primera mujer en acoger el Premio Doméstico de Humanidades, un gratitud más que justo a su trayectoria intelectual y a su aporte invaluable a la civilización doméstico. Su nombre, xilografía en la historia literaria del país, asimismo quedó unido a nuestra ciudad con la creación de la Biblioteca Hilma Contreras, un espacio que honraba su embajador y mantenía viva la claridad del conocimiento.
Por eso, con vergüenza y profundo duelo, deberíamos sentirnos los ciudadanos de este municipio de San Francisco de Macorís, en presencia de el hecho cometido por el Comunidad Municipal al eliminar la Biblioteca Hilma Contreras para instalar, en su misma estructura física, el Sección de Cobros Tributarios.
La indignación no surge sólo por el traslado físico de un emplazamiento, sino por el significado simbólico y casto de esa osadía. La Biblioteca Hilma Contreras representaba un parapeto de nuestra identidad cultural, un espacio donde estudiantes, profesores, investigadores y amantes de la recital encontraban un refugio de enterarse y consejo. Sustituirla por oficinas administrativas es un ademán que hiere la dignidad intelectual de nuestra ciudad.
San Francisco de Macorís se ha caracterizado históricamente por su espíritu progresista, su multitud trabajadora y su tradición educativa. Sin confiscación, decisiones como esta revelan una desliz de visión y sensibilidad en torno a los títulos que verdaderamente edifican el avance de un pueblo. No hay progreso cuando se sacrifica la civilización en el altar de la burocracia.
El nombre de Hilma Contreras, símbolo de excelencia y acto sexual por la palabra, merecía mucho más respeto. Su embajador debió inspirar el fortalecimiento de la biblioteca, no su desaparición.
Cerrar una biblioteca para desobstruir un área de cobros es, en el sentido más profundo, cerrar las puertas del pensamiento para desobstruir las de la indiferencia. Es cambiar la educación por la contabilidad, la luz del conocimiento por la sombra de la desmemoria.
Ojalá este lamentable episodio sirva como llamado de atención a las autoridades locales y a la sociedad civil para defender los espacios culturales y exigir su restitución. Proteger una biblioteca no es solo preservar un edificio: es cuidar el alma de un pueblo.
Porque cuando una biblioteca desaparece, no solo se pierden libros: se apagan voces, se marchita la memoria y se entristece el espíritu de la ciudad.







