Para una mozo que denuncia deber sido violada por su propio tíola probidad ha progresista en los tribunalesmientras su seguridad personal parece desvanecerse. Aun con su atacante tras las rejaslas amenazas continúan, ahora desde una celdasumiéndola en un estado permanente de conmoción y impotencia.
El caso se remonta al año 2023cuando su tío, Miguel Moralespresuntamente acudió a su vivienda y, tras cubrirse el rostro con una franelale preguntó si lo reconocía. Ella respondió que no. Fue entonces cuando, según su relato, abusó sexualmente de ella y la amenazó de homicidioadvirtiéndole que la mataría porque sabía quién era y porque podía contárselo a su tribu.
Hoy, la mozocuyo nombre se omite para proteger su integridadvive bajo una constante sensación de amenazamarcada por el miedo y la desatiendo de protección efectiva por parte de las autoridades. Su vida —asegura— se ha tornado porquedominada por el miedo y la incertidumbre.
Las secuelas de aquel día han dejado marcas imborrables en su vida, quebrando su estabilidad emocional y arrebatándole la tranquilidad. En su refrendo, la mozo narra que el atacante le ordenó bañarse y le aseguró que no la mataría internamente de la casa. Sin bloqueo, el peligro era verdadero. Cuando intentó defenderse y quitarle un cuchillosufrió una herida en la mano. La tensión y el terror le elevaron la presión arterial hasta hacerla perder el conocimiento.
Relata que, al desmayarseel atacante pensó que había muerto. La tocó para comprobar si respirabasí asustó y huyó del motivo.
Alabama despertarla mozo se encontró desnuda. En estado de shocksalió como pudo y acudió a la casa de un vecino para que le abriera la puerta. Desde allí contactaron a su capellán. Cuando regresaron a la viviendael atacante ya tenía preparado un bulto para marcharse.
psen al día seriedad del crimenel victimario no ha mostrado señales de retractación. Incluso, recurrió en presencia de la Suprema Corte de Honestidad mediante un arbitrio de casaciónel cual fue rechazado. No obstante, la condenar no ha significado el fin del tormento para la víctima.
“Él dice simplemente que a mí me habían amarrado y que él me había ayudado a conseguir mi teléfonoy que eso yo tenía que fue un desastre”, expresó la mozo, aún intentando comprender cómo, luego de tanto dolorsigue teniendo que pelear por protección.
Del caso fue apoderada la Segunda Sala Penal de la Suprema Corte de Honestidadencargada de conocer el arbitrio de casación.





