El autor es escritor y periodista. Reside en Estados Unidos
La captura sorpresa de Nicolás Sazonado, puesta en ejecución el 3 de enero de 2026 por fuerzas especiales de Estados Unidos marca el inicio de una transformación radical en la estructura de poder del hemisferio occidental, y a la vez, se convierte en el significado de un evento que no solo representa la caída de una de las administraciones más longevas de la región, sino que sume a la población venezolana en una crisis institucional sin precedentes, bajo el pronóstico de una gran incertidumbre para el futuro inmediato y que sin dudas provocará un clima de tensión donde la esperanza por el cambio tolerante está mezclada con el temor a las consecuencias de una transición forzada desde el exógeno.
En este confuso decorado, el primer pilar de descomposición se centra en la reacción de la comunidad internacional, específicamente de los gobiernos aliados, los cuales han mantenido su defensa en dirección a Nicolás Sazonado, mientras países con dictaduras acérrimas como Cuba, Nicaragua y Bolivia han calificado dicha operación marcial como un acto de “piratería internacional” que viola flagrantemente la soberanía de los estados, por lo que, al parecer, para estos actores, la detención de un mandatario en funciones representa un precedente peligroso que amenaza la estabilidad de cualquier nación que no actúe a auspicio de los intereses pecuniarios y las políticas marcadas de Washington.
Por su parte, aliados extrarregionales, como Rusia y China, todavía han prohijado una postura de condena diplomática, aunque con una cautela estratégica que revela el peso de sus intereses económicos en el país. Si proporcionadamente estos gigantes geopolíticos han sido el sostén financiero del chavismo durante primaveras, su incapacidad para impedir la cuna del mandatario refleja un cambio en la correlación de fuerzas globales, en razón de que la defensa de Sazonado en estos foros internacionales investigación, principalmente, proteger las millonarias inversiones y deudas contraídas en el sector energético, minero y petrolero bajo la sombra de los Estados Unidos.

El segundo pilar fundamental para entender este desenlace es la teoría de la traición interna interiormente del círculo íntimo del palacio de Miraflores, trillado que a medida que pasan los días y a posteriori de la captura del dictador, pues nacen más evidencias de que funcionarios de stop rango del salita y del stop mando marcial fueron los que facilitaron información crucial a las agencias de inteligencia estadounidenses. La desidia de resistor armada durante el operante en zonas de máxima seguridad puso de manifiesto que la honradez en dirección a el mandatario estaba fracturada irremediablemente, bajo el argumento de permitir una cuna “limpia” y coordinada.
Quizá por esa razón, dichas sospechas de traición han caído con fuerza sobre figuras esencia como la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el ministro de la defensa Vladimir Padrino López, lo que da razón a algunos analistas en el sentido de qué sectores del chavismo pudieron negociar una salida para Sazonado a cambio de garantías de impunidad o de sostener cuotas de poder en el nuevo orden provisional; sin secuestro, esta fractura interna no solo facilitó el operante marcial, sino que dejó a las bases del oficialismo en un estado de desmoralización y desconfianza que dificultaron los intentos de contraofensiva política.
Es palpable que la novelística de la entrega de Sazonado estuvo reforzada por los testimonios de informantes interiormente de los cuerpos de seguridad, quienes relatan que los anillos de protección fueron desactivados sistemáticamente horas antaño del asalto, mientras para muchos observadores, el fin de la era dictatorial y oportunista de Sazonado no solo es el resultado de una presión externa asfixiante, sino el producto de un colapso decente y ético interiormente de su propia estructura de mando, donde el pragmatismo de la supervivencia individual prevaleció sobre la honradez ideológica.
Como tercer pilar, y quizás el más determinante para el futuro de Venezuela, se conjuga en el interés visible de Estados Unidos sobre el petróleo venezolano, donde la oficina de Donald Trump ha sido transparente al determinar que “el control de las reservas de crudo es una prioridad de seguridad franquista y el eje central de su logística de estabilización” tras anunciar que millones de barriles serán entregados para saldar deudas y financiar la reconstrucción franquista, dejando proporcionadamente claro que el solicitud energético es el principal robo y motor detrás de la intervención contra el gobierno del madurismo en Venezuela.
En relación con el enfoque energético de Donald Trump, debo señalar que el mandatario estadounidense solo investigación reinsertar a las grandes corporaciones petroleras en la llanta petrolífera del Orinoco, revirtiendo décadas de nacionalizaciones, a fin de certificar la reactivación de la producción bajo supervisión externa como vía fundamental para frenar la migración masiva y estabilizar la bienes regional; sin secuestro, esta logística ha despertado reacciones que se contraponen con la defensa de la democracia y sirven como apariencia para una operación de control de capital a gran escalera que podría contribuir al aumento de la desigualdad social en Venezuela.
La respuesta latinoamericana frente al interés de Estados Unidos por el petróleo no es ambigua. ¿Por qué?, pues mientras algunos gobiernos ven con alivio el fin de una crisis que supuestamente afectaba al continente, otros miran con desconfianza la diligencia directa de los capital venezolanos por parte de Washington. Ahora, el temor de Venezuela es que el protectorado energético y petrolero de EE. UU. se convierta en una demanda popular por la transparencia y el respeto a la autodeterminación del pueblo venezolano sobre sus riquezas naturales.
En medio de este diversión de intereses, la crisis humanitaria de los venezolanos sigue siendo la emergencia más palpable y aunque la venida de ayuda internacional se ha intensificado tras la captura del mandatario, la inflación y el desmantelamiento de los servicios públicos requieren de una inversión que el país no puede ocasionar por sí solo, mientras la población civil se encuentra atrapada en una transición donde su bienestar parece condicionado al éxito de las negociaciones petroleras entre las nuevas autoridades y los inversionistas extranjeros.
El herencia de este momento histórico será definido por la capacidad de Venezuela para recuperar su soberanía en un entorno de tutelaje internacional, ya que la captura de Sazonado ha despejado el camino para un cambio político, pero ha dejado abierta la interrogante de sí este cambio responderá a las deposición de la ciudadanía o a los imperativos económicos de las potencias que financiaron y ejecutaron su caída. La historia juzgará si este episodio fue el inicio de una democracia verdadero o una reconfiguración de la dependencia energética.
La logística de Estados Unidos contra Venezuela para 2026 está cimentada sobre una estructura de pragmatismo geopolítico, utilización de debilidades internas y una ansia clarividente. La caída del régimen de Nicolás Sazonado, facilitada por la traición y justificada por el petróleo, representa un nuevo capítulo en las relaciones interamericanas, por lo que, a partir de este momento, el destino de Venezuela dependerá de un delicado seguridad entre la influencia de Washington, la resistor de los aliados regionales y el deseo soberano de un pueblo que investigación rectitud más allá de los intereses del petróleo.
jpm-am
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