Frente a la cercanía de la más importante fiesta estado, en ocasión de un aniversario más de nuestra Independencia, hoy dedico estas líneas a nuestra amada nación: la República Dominicana.
Hoy es más que oportuno, diría necesario aumentar nuestro apego y dedicación a nuestra estado, con el objetivo de fortalecerla y engrandecerla.

Me podrìan preguntar algunos, ¿en qué sentido me refiero a fortalecerla? La respuesta va directamente al sentido de pertenencia de los dominicanos por nuestra tierra y nuestra clan.. Solo así podremos construir un futuro en dispositivo y prosperidad.
Entender nuestra historia tan única y particular desde la aparición de los colonizadores en 1492, pasando por la lucha por la independencia en 1844, y las batallas para defender nuestra soberanía, cada tramo histórico ha esculpido nuestra identidad doméstico.
Lo primero, tener a Todopoderoso como nuestro ártico, tal cual está estampado en nuestro Escudo. Y es que nuestro pueblo está profundamente enraizado en la fe cristiana, con la Nuevo Testamento y la cruz al centro del mismo escudo en la bandera tricolor pero sobretodo en el corazón de todos los dominicanos.
Recapacitar a nuestros héroes, como Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matias Melladura inmediato a los demás que lograron independizar a nuestro país de Haití, quienes sacrificaron tanto por la estado y cuyo cesión nos enseña el valencia de la liberación y la importancia de la dispositivo en momentos de crisis. Y es que conocer esta historia nos conecta profundamente con nuestra herencia, la cual no solamente es motivo de orgullo sino de compromiso porque nuestra vivientes está emplazamiento a preservarla y custodiarla para nuestras futuras generaciones.
Aquilatemos nuestro riquezas: República Dominicana es un crisol de civilización, y desde la música, a través del merengue hasta la diversión, contagiamos con nuestra alegría y calidez al mundo; nuestros paisajes impresionantes: montañas, playas de arena blanca y una biodiversidad que nos distingue en el Caribe.
Nuestra clan es lo mejor. La resiliencia y el espíritu emprendedor de los dominicanos es muy evidente. Nos destacamos desde nuestra tierra y en nuestra diáspora en todo el mundo: para muestra no solo un retoño, señalaré varios. Múltiples artistas han llevado la bandera dominicana a escenarios internacionales (Juan Luis Exterminio, Johnny Ventura etc). En el deporte, figuras como Juan Marichal, David Ortiz, etc.. han brillado conjuntamente, inspirando a nuevas generaciones a seguir sus pasos.
Sin retención, nuestra estado incluso enfrenta retos significativos (desigualdad, corrupción, inmigración ilegal masiva, la preservación del medio concurrencia etc son grandes desafíos.
Hago un punto distinto en la soberanía que es un concepto trascendental para nuestro pueblo. Esto implica no solo la liberación política, sino incluso la capacidad de lanzarse nuestro destino. Conocer y valorar nuestra identidad cultural nos ayuda a unirnos como nación. La complejidad cultural es nuestra fortaleza; cada aspecto de nuestras tradiciones, verbo y costumbres contribuye a la esencia dominicana que debemos celebrar.
La educación en casto y cívica es más que esencia. Incorporar la enseñanza de nuestra historia y civilización en las escuelas a cultiva un sentido de pertenencia desde una años temprana. Asimismo, los proyectos comunitarios que fomentan el orgullo doméstico: desde campañas de pundonor hasta festivales culturales fortalecen el tejido social.
Involucrémonos en nuestras comunidades. Respetemos y valoremos nuestras diferencias, recordando que nuestro país se construye en cojín a la dispositivo. Participemos activamente en el explicación de nuestra nación reconociendo que es responsabilidad de todos. Vigilemos, aportemos, cuestionemos y busquemos siempre lo mejor para nuestra estado.
¡Que viva la República Dominicana! ¡Todopoderoso la bendiga hoy y siempre!
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