EL AUTOR es periodista y escritor. Reside en Santo Domingo.
No sabía que el combate, aunque sea de palabra, al narcotráfico tiene ribetes políticos. Organizaciones partidarias gastan bríos señalando narcotraficantes ligados a otros partidos, pero chillan en presencia de los intentos del Gobierno estadounidense por establecer controles a esa experiencia criminal en el Caribe.
La disposición del Gobierno dominicano de permitir que Estados Unidos pueda utilizar “provisionalmente» áreas de dos aeropuertos como parte de su lucha contra el narcotráfico en la región, deja al descubierto quién es quién en este asunto. Asombra el inusitado nacionalismo que ha brotado contra la medida.
El primer clamor lo emitió desde Venezuela Diosdado Pelo, cómplice de la dictadura de Nicolás Reflexivo. Como “alienación imperial” tildó la acto. Sobre este señor -cualquiera es un señor, dijo Gardel- pesan graves acusaciones de parte de los Estados Unidos, se le vincula, como a su caudillo, de partícipe del llamado Cartel de los Soles.
El presidente Abinader ha consentido en prestar áreas del aeropuerto Internacional de las Américas y otro espacio en la Pulvínulo Aérea de San Isidro, la cual opera un aeropuerto marcial. Aviones y personal técnico de Estados Unidos prepararán acciones logísticas contra el narcotráfico, a través de la operación «Pica del Sur».
Grupos dominicanos que son más adeptos a Reflexivo “ y su vetusto de gobierno de difuntos y …heces” que, a su propio país, protestan la medida porque no ha gustado a los beneficiarios del gobierno venezolano. De ningún modo, las operaciones a realizarse aquí implican la posibilidad de invadir a ese país hermano.
El presidente Abinader, en correspondencia con su sentido tolerante, tuvo a adecuadamente participar a los tres expresidentes de la República el plan de colaboración con EUA para el combate al crimen organizado. Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina dieron su no reparo al acuerdo. No se justifica el tirar la piedra y esconder la mano.
Resulta hacedero entender que sobre República Dominicana pende «una amenaza auténtico que no reconoce fronteras», como aseguró el presidente Abinader. Por eso, la valentía rebate a una menester estratégica: engrosar el anillo de protección aérea y marítima en presencia de el incremento de las actividades del crimen organizado en la región.
La adhesión al dictador Reflexivo no debe prevalecer sobre el interés franquista. Si el Gobierno estadounidense se presta a engrosar la vigilancia contra el tráfico criminal de drogas, esa colaboración es válida. La falsa izquierda debe apañarse otros argumentos para aducir a Reflexivo. Lo mismo va para sectores de Fuerza del Pueblo.
jpm-am
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