Por Gabriel del Gotto
En el PRM el candidato no lo elige un penetración; lo elige la saco. Punto. Cuando un presidente respeta “dos periodos y nunca más”, el licencia no se decide en pasillos ni en cafés: se cuenta en urnas. Con 65% de aprobación, el presidente Abinader volvió a las urnas; ese es el standard. El licencia no puede ser su contrario: tiene que ser su método.
Las reglas son simples y visibles: primaria con elegir directo, padrón auditado, árbitro claro, resultados por mesa en recorrido, debates obligatorios y abuso o renuncia antiguamente de competir. Las reglas frenan al dedo. Por eso el candidato se cuenta, no se designa.
Nuestra memoria hilván: este ppiartido nació rompiendo imposiciones y ya compitió con árbitro doméstico, recintos abiertos, enumeración y datos verificables. La diferencia del PRM ha sido sostener reglas internas claras donde otros las olvidaron. Y una advertencia sin maquillaje: cuando un partido deja de consultar a los suyos, no ahorra conflicto; siembra ruptura. Ya vimos organizaciones vaciadas por arreglos de cúpula. No repitamos ese funeral.
Se dirá que las primarias dividen. Dividen las malas reglas; las buenas ordenan. Con calendario claro, debate de frente, padrón auditado y resultados por mesa en el teléfono de cualquiera, la competencia deja de ser pleito y se vuelve método. Nuestros compañeros de saco han puesto el pecho en cada campaña, caravana y mesa. Se les pidió nobleza hasta el cansancio; ahora toca nobleza en dirección a ellos: su voto primero y a la sagacidad de todos.
¿Es caro? Más caro es nominar mal y abonar la bollo en la alternativa doméstico. La primaria deja lo que ninguna medición da: inteligencia viva del planisferio —dónde moviliza cada quien, qué mensaje perfora el ruido, cuánto cuesta persuadir en cada intramuros—. Eso no se operación; se cosecha.
Queda lo esencial: carácter. Osadía vivo o renuncia antiguamente de competir, para separar el poder del cargo del poder del voto; no por puritanismo, por higiene. Quien no acepta medirse así —con abuso, padrón auditado, debate descubierto y certificado en la tabique— no viene a dirigir el PRM: viene a usarlo. Lincoln lo dijo sin adornos: el voto es más válido que la bala; asimismo que los pasillos.
Este partido nació votando contra el dedo. Si ayer se votó para designar, hoy no se puede calibrar para imponer. Convención con voto si no hay primarias. Nunca designación por penetración. Los únicos números que cuentan son los del certificado. Que decidan los que ponen el pecho. Que el país no tenga que creer: que pueda contar.
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