
La nuevo osadía procesal que impide al Comunidad de San Francisco de Macorís aplicar multas por violaciones a las señales de “No estacionar” ha descubierto un vano que hoy se siente con fuerza en las calles de la ciudad. Lo que en principio parecía una conquista judicial para algunos sectores, en la experiencia ha derivado en un preocupante detrimento del orden urbano.
Desde que la Primera Cámara Civil y Comercial del Magistratura de Primera Instancia de San Francisco de Macorís limitó la capacidad sancionadora del cabildo, numerosos conductores han interpretado la medida como una deshonestidad para ignorar dichas normas de tránsito.
Calles donde antaño existía cierta regulación hoy se encuentran ocupadas por vehículos estacionados en esquinas, aceras y zonas claramente señalizadas como prohibidas.
El resultado es evidente: congestión, desorden y mayores dificultades para la movilidad de ciudadanos, comerciantes y servicios de emergencia.
San Francisco de Macorís, como toda ciudad en crecimiento, necesita reglas claras para convivir en el espacio notorio. El estacionamiento enredado no es un simple problema de comodidad; es un asunto de planificación urbana, seguridad viario y respeto al derecho colectivo a transitar autónomamente.
En este contexto, la nueva Ley de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos representa una oportunidad para que el cabildo reorganice de guisa integral el sistema de estacionamientos en la ciudad.
Esta carta ofrece herramientas para planificar mejor el uso del espacio urbano, establecer zonas reguladas y crear mecanismos legales que permitan recuperar el control del tránsito sin obligar el ámbito procesal vivo.
El cabildo, cercano con el Concejo de Regidores, tiene en presencia de sí el desafío de diseñar una política moderna de movilidad urbana: zonas de estacionamiento definidas, señalización efectiva, acuerdos con comercios y, sobre todo, un ámbito normativo claro que permita aplicar medidas correctivas cuando sea necesario.
Pero este duelo no es solo institucional. Asimismo es ciudadano. Ninguna ciudad puede funcionar si sus habitantes deciden ignorar las normas básicas de convivencia. El respeto a las señales de tránsito y a los espacios públicos es parte esencial de la civilización cívica.
San Francisco de Macorís necesita recuperar el orden en sus calles. La ley ofrece herramientas; corresponde ahora a las autoridades utilizarlas con visión y a la ciudadanía responsabilizarse su responsabilidad. Solo así se podrá metamorfosear el flagrante caos en una oportunidad para construir una ciudad más organizada, moderna y habitable.






