
Néstor Saldívar | Foto: Fuente externa
Por Néstor J. Saldívar
En el proscenio migratorio de Estados Unidos, los últimos anuncios de la Casa Blanca han sublime una cachas polémica. El 19 de septiembre de 2025, el presidente Donald J. Trump firmó dos disposiciones que, de forma simultánea, encarecen el paso a las visas de trabajo y crean un grupo millonario en torno a la residencia permanente. Dos medidas distintas, pero con un mensaje popular: la política migratoria vuelve a colocarse en el centro de la conversación doméstico.
La primera de estas disposiciones es una Proclamación que afecta directamente a los trabajadores que buscan ingresar a Estados Unidos mediante la visa H-1B, un visado muy utilizado en el sector tecnológico, las ciencias aplicadas y otras áreas de inscripción especialización. A partir del 21 de septiembre de este año, toda nueva petición de H-1B deberá estar acompañada de un cuota adicional de 100,000 dólares. Quedan exceptuados aquellos casos presentados antiguamente de la data de entrada en vigor y quienes ya se encuentren en status válido. No es retroactiva, pero sí plantea un nuevo tipificado: el costo de lograr a este tipo de visa se multiplica de forma drástica.
La alegato oficial es combatir el extralimitación del sistema. El gobierno argumenta que miles de trabajadores estadounidenses han sido desplazados por profesionales extranjeros contratados con salarios más bajos, lo que ha generado desempleo y desincentivado a los jóvenes norteamericanos a seguir carreras en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). La medida rastreo, según la Casa Blanca, enaltecer el software para que solo aquellas empresas con verdadera carencia y capacidad económica recurran a él. En palabras simples: quien quiera traer un trabajador bajo H-1B deberá demostrarlo con su faltriquera.
Pero si la visa de 100,000 dólares parece dura, el segundo anuncio rompe todos los esquemas. Ese mismo día, el presidente Trump firmó una Orden Ejecutiva que crea el software denominado Gold Card, una vía expedita a la residencia permanente para extranjeros que realicen una “donación” de un millón de dólares al gobierno estadounidense. Si la donación proviene de una corporación en nombre de un individuo, la emblema sube a dos millones. El mosca ingresaría directamente al Fortuna y, según el mandato, serviría para promover la industria y el comercio del país.
Con esta orden, el gobierno pretende considerar la entrega de ese millón como una prueba de “capacidad empresarial estupendo” y de “beneficio doméstico”, lo que agilizaría el proceso de otorgamiento de la residencia. Se alcahuetería de un modismo inédito, pues hasta ahora los programas de inversión requerían no solo caudal, sino igualmente la creación de empleos y el cumplimiento de reglas fijadas por el Congreso, como sucede con la visa EB-5.
Aquí es donde surge la controversia. Una orden ejecutiva no puede modificar la ley federal de inmigración. Para que la Gold Card tenga meta permanente, necesitaría contar con respaldo asamblea. De lo contrario, se expone a demandas y a cuestionamientos constitucionales. En otras palabras, el presidente puede instruir al Ejecutor a implementar el software, pero tarde o temprano el Congreso y los tribunales tendrán la última palabra.
Mientras tanto, esta iniciativa deja al descubierto un punto esencia que no debemos perder de perspectiva: Estados Unidos reconoce como de interés doméstico traer personas que aporten valía al país. En el caso de la Gold Card, ese aporte se mide en mosca. Pero existe otro camino, actual y sólido en la ley de inmigración, que se mide en talento, preparación académica y proyectos de impacto: la EB-2 con Exención por Interés Franquista (NIW, por sus siglas en inglés).
La EB-2 NIW es una categoría que permite a profesionales con títulos avanzados: industria, doctorado, o una estudios acompañada de al menos cinco primaveras de experiencia progresiva, solicitar la residencia permanente sin carencia de un empleador que los patrocine. Siquiera es necesario tener lugar por el proceso de certificación profesional frente a el Sección de Trabajo, que suele ser costoso, flemático y satisfecho de incertidumbre.
Lo más relevante es que este beneficio no se limita al solicitante principal. Su cónyuge e hijos menores de 21 primaveras pueden aplicar de forma conjunta, accediendo así a la residencia permanente para toda la tribu. En un momento donde las telediario hablan de visas millonarias o restricciones severas, la EB-2 NIW se mantiene como un puente realista, cierto y accesible para quienes tienen la preparación y el compromiso de aportar al país.
La diferencia fundamental radica en el fundamento reglamentario. La EB-2 NIW está contemplada en la Ley de Inmigración y País, y su concesión depende de demostrar que el plan o la trayectoria del solicitante posee mérito sustancial y relevancia doméstico. No se alcahuetería de comprar una residencia, sino de probar que lo que uno puede hacer, ya sea en investigación científica, innovación tecnológica, educación, vitalidad, energía, medio círculo o negocios, tiene el potencial de beneficiar a Estados Unidos.
En mi opinión, el tiro de la Gold Card, más allá de su cuestionable viabilidad jurídica, refuerza el mensaje de que el gobierno estadounidense está dispuesto a cascar sus puertas a quienes puedan aportar valía. Ese valía puede expresarse en cifras económicas, como pretende la Casa Blanca, o en talento y proyectos estratégicos, como reconoce la EB-2 NIW.
Por eso, mi invitación a los profesionales de la República Dominicana y de toda Latinoamérica es clara: si tienes un título renovador, una industria, un doctorado o incluso una estudios con cinco primaveras de experiencia progresiva, considera seriamente la opción de la EB-2 NIW. Es un camino que no requiere un patrocinador, que no te ata a una ofrecimiento profesional específica y que te permite expatriarse con tu tribu bajo un esquema cierto y respaldado por la ley.
Al final del día, lo que está en surtido no es solo una visa de 100,000 dólares ni una residencia de un millón, sino el paso a oportunidades que pueden transfigurar vidas. Y frente a los cambios que vienen, quienes sepan prepararse y tomar decisiones estratégicas estarán mejor posicionados para explayarse camino en los Estados Unidos.
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