Por Anna Stewart-Ibarra y Sofía Kalormakis
La sequía ya no es solo un engendro natural o cíclico: es uno de los impactos más destructivos del cambio climático en América Latina y el Caribe. A medida que las temperaturas globales aumentan —como lo confirma la Ordenamiento Meteorológica Mundial (OMM), que reportó que 2024 fue el año más caliente en 174 abriles—, los eventos extremos como sequías prolongadas, incendios forestales, olas de calor e inundaciones se intensifican. Sus consecuencias se extienden desde la agricultura hasta la energía y el transporte, afectando la vida cotidiana y la seguridad de millones de personas.
Frente a esta amenaza creciente, los países de la región están activando estrategias compartidas para monitorear, anticipar y ceñir los impactos de las sequías. Durante la flamante CoP-33 del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Total (IAI), celebrada en Responsabilidad, Paraguay, se consolidaron varias iniciativas multilaterales que combinan ciencia, datos abiertos y cooperación política. Una de ellas es el Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica (SISSA), que provee herramientas coproducidas con actores locales para proteger capacidades institucionales y fomentar la gobernanza del aventura en sectores claves como la agricultura y el agua.
Un ejemplo del uso de estas herramientas en la agricultura es el desarrollado por la provincia argentina de Córdoba, donde se consolida y amplía la información climática específico para realizar seguimientos y predicciones del contenido de agua en el suelo. Adicionalmente, se utiliza el índice estandarizado de precipitación – caudal (TSI) para suscitar modelos de predicción hidrológica que impactan la hidroenergía regional.
Otra iniciativa pionera es la Red de Laboratorios de Observación de la Tierra para la Reducción del Peligro de Desastres (REDLABOT), liderada por la Agencia Espacial de Paraguay (AEP), en alianza con Geo Lab, ESRI Panamá y la NASA. Esta red nació tras las inundaciones extremas de 2019 y hoy integra tecnología geoespacial para contraponer sequías, incendios y otros eventos climáticos con información en tiempo vivo. Como señaló el director de AEP, Alejandro Román, el objetivo es claro: “desmontar los beneficios del espacio a nuestros países emergentes y construir capacidades nacionales en agricultura, educación y trámite de emergencias”.
Algunos de los principales eventos meteorológicos y climáticos extremos que afectaron a la región durante el año 2024 ocurrieron en Belice y Panamá, de acuerdo con el reporte “Estado del clima en América Latina y el Caribe 2024” de la OMM. En Belice, las condiciones extremadamente secas, agravadas por intensas olas de calor, provocaron el peor episodio de incendios forestales en la historia flamante del país. Mientras que en Panamá, la sequía en el Canal de Panamá, que comenzó en 2022, fue catalogada en enero de 2024 como la peor en la historia de esa vía interoceánica. En respuesta a estos fenómenos, Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina reforzaron la estructura de proyectos multilaterales de monitoreo y alerta temprana utilizando la diplomacia científica para construir resiliencia climática conjunta.
En este contexto, los sistemas de alerta temprana no son simplemente herramientas técnicas, sino plataformas para la obra colectiva. Pero su efectividad depende de otro pilar fundamental: la diplomacia científica. Esta experiencia, que conecta a investigadores, tomadores de decisiones y comunidades a través de las fronteras, se ha consolidado como una vía esencia para proteger respuestas regionales coordinadas. Durante la CoP-33, el IAI lideró talleres y capacitaciones en diplomacia científica con participantes de Paraguay, Brasil, Uruguay y Argentina, apostando por una memorándum regional popular en torno a la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas (COP30) que se celebrará en Brasil en noviembre de 2025.
Todos estos esfuerzos fueron reconocidos en la explicación firmada por los gobiernos e instituciones participantes, que reafirma el compromiso con: proteger sistemas de alerta temprana multirriesgo; integrar conocimientos científicos, indígenas y tradicionales; compartir datos abiertos y metodologías; y movilizar bienes financieros para investigación y obra climática. Esta explicación simboliza un llamado urgente a comportarse en conjunto, poniendo la ciencia al servicio de políticas resilientes y sostenibles.
Un ejemplo concreto de esta cooperación regional fue la coordinación entre Paraguay, Argentina y Brasil para asegurar el funcionamiento de la Central Hidroeléctrica de Yacyretá durante los abriles de bajante extraordinaria del río Paraná. Entre 2018 y 2021, los países involucrados establecieron acuerdos técnicos y operativos que permitieron nutrir la procreación energética, asegurar la navegación fluvial segura y apoyar el aprovisionamiento de agua a comunidades ribereñas.
Las llamadas “ventanas de navegación” permitieron el paso organizado de convoyes de carga mediante una operación conjunta basada en previsiones hidrológicas, provisión compartida y el uso de plataformas tecnológicas. Este caso es una demostración de cómo la diplomacia técnica y científica puede traducirse en soluciones concretas frente a desafíos climáticos extremos.
La sequía es y seguirá siendo una amenaza, pero no estamos indefensos. Con conocimiento compartido, alianzas estratégicas y diplomacia científica, la región puede no solo mitigar sus existencias, sino incluso preparar el dominio para una transformación profunda. La ciencia no puede comportarse sola, pero ninguna transformación será posible sin ella.
*Este es un texto de la plataforma Voces de Mujeres Iberoamericanas en una colaboración entre la Ordenamiento de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Civilización (OEI) y Latinoamérica21. Únete AQUÍ a la Plataforma.
Anna Stewart-Ibarra es directora científica del Inst. Interamericano para la Investigación del Cambio Total (IAI). Doctora em Ecología por la Licencia de Ciencias Medioambientales y Forestales SUNY, Univ. de Syracusa (E.U.A.). Profesora del Depto. de Medicina de SUNY.
Sofía Kalormakis es directora común y fundadora de Tink Comunicaciones. Ex experto senior de prensa en la Embajada de Estados Unidos en Panamá. Industria en establecimiento de empresas (MBA) en la Universidad Estatal de Illinois.






