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El doctor desarrolla una considerable destreza en el manejo de su trato habitual con el ambiguo lindante entre salubridad y enfermedad, y no puede ser de otra modo. Cuanto más exitoso es el manejo de esta característica inherente y propia del quehacer médico, probablemente más valioso sea el potencial terapéutico de la relación.
En la mayoría de los casos el paciente ubica al médico en un plano de superioridadproducto del mejora técnico y del papel que le toca desempeñar al voluntario en la relación, por lo que este se coloca de modo cibernética en un nivel de inferioridad, lo que determina en ocasiones dificultades importantes, ya que, al sentirse así, reacciona con cierta hostilidad.
El médico debe valorar a grandes rasgos la personalidad del paciente, procedencia, civilización, el valor de información que tenga sobre su enfermedad y valoración social de la misma. Debe procurar ayudar una disposición crítica de sus rasgos de personalidad, cuidar su prestigio técnico y social.
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El médico debe preguntarse de modo constante si satisface los objetivos que persigue el paciente en la relación, debe rectificar a tiempo si alguno de ellos ha sido descuidado. El médico tiende con frecuencia a olvidar la requisito del enfermo de memorizar ¿Qué tiene? ¿Cuál es su pronóstico? omitiendo esa valiosa información que, usualmente, el enfermo no reclama porque se lo impiden sus defensas.
Debe tener en cuenta para planear el manejo del paciente su estado emocionable y los mecanismos psicológicos que emplea en la relación.
La posición de inferioridad del paciente debe ser manejada mediante respeto completo, disposición atenta de escuchar, interés humano, trato afable, mientras que, las resistencias o defensas de la autoestima deben ser superadas al alcanzar la confianza del paciente, haciéndole notar seguridad al garantizarle de modo permanente una conducta de no crítica. En otras ocasiones, haremos caso omiso de sus defensas, utilizaremos los medios que sirvan para atenuar su angustia, aunque no hayamos acabado buena comunicación.
La preocupación por lo que comunicamos verbal, extraverbalinstrumentalmente al paciente debe ser constante, de modo que siempre tengamos control de nuestras manifestaciones, debiendo memorizar comunicar lo que sea útil, reservar lo angustiante, creador de dudas.
Es muy importante cuidar nuestra expresión facial cuando realizamos un examen físico, cuando tenemos que interpretar exámenes complementarios, así como cuidar el exceso o endeudamiento de exploraciones instrumentales que se pueden interpretar respectivamente como señal de recaída o desinterés. El coeficiente más importante es que el médico sepa colocarse en el oportunidad del paciente, oriente su conducta de acuerdo con este enfoque.
Tipos de relaciones médico-paciente:
De acuerdo con la clasificación propuesta por Saszs y Hollender:
- Relación activo-pasiva: se establece con enfermos inconscientes (por coma, narcótico), o aquellos que por su patología participan muy poco en la relación, como es el caso del paciente en las primeras horas de un infarto agudo al miocardio. El médico se comporta con el paciente como lo haría un padre con su hijo de pocos meses de nacido.
- Relación de cooperación guiada: se establece con sujetos posibilitados de acoger orientaciones y cooperar en su tratamiento, como es el caso de ciertas afecciones agudas (pulmonía, pielonefritis) y crónicas (diabetes mellitus, HTA). Esta relación persigue lazos que garanticen la realización del tratamiento adecuado. El médico se comporta como el padre frente a un hijo adolescente.
- Relación de décimo mutua: se establece con pacientes portadores de afecciones donde los factores psicosociales desempeñan un papel significativo. Esta relación no sólo persigue el cumplimiento de tratamiento, sino el control en discusión delantero de diferentes situaciones y actividades relacionadas con el origen y desarrollo de la enfermedad. El médico participa en la posibilidad de sus problemas, se comporta como un adulto frente a otro adulto.
Sugerencias:
- Escuchar activamente.
- Explicar diagnósticos, tratamientos en un jerigonza claro.
- Sostener cortesía, empatía.
- Tratar siempre con dignidad, sin discriminación.
- Realizar con honestidad, incluso al dar malas parte.
- Sostener límites profesionales claros.
La trascendencia de la relación médico-paciente obliga a insistir en su inclusión de modo destacada en la formación de los médicos que cursan las distintas especialidades.
Esta relación es muy exclusivo, todo médico debe ajustarse a ella y procurar ofrecer una atención exquisita a sus pacientes.






