Los productores de vegetales en animación controlado o invernaderos de Rancho Hacia lo alto, en San José de Ocoa, luchan contra una plaga que amenaza su existencia. Se tráfico de los llamados trips, insectos cuyo tamaño diminuto los hace más poderosos frente a las técnicas de control para impedir su paso cerca de las áreas de cultivo.
Según un estudio publicado por el Instituto Entoma, de Colombia, una de las características más distintivas de los trips es su tamaño corto y la forma alargada de su cuerpo, midiendo asiduamente menos de 2 milímetros. Explica que esta dimensión puede variar según la especie. Destaca que hay algunas tan diminutas que hasta cuatro pueden acontecer por el ojo de una alfiler, lo que les facilita ubicarse en lugares estrechos como flores y ápices de las ramas.
El estudio de Entoma destaca que a pesar de la apariencia de un trasto dental raspador-chupador, los trips, en sinceridad, poseen un trasto dental picador-chupador, ya que se alimentan de líquidos. Mediante este proceso de provisiones, indica, provocan daños tanto directos como indirectos en las plantas.
Su vestido de perforar la superficie de hojas, ápices de ramas, flores o frutos para alimentarse deja a su paso pequeñas manchas plateadas o bronceadas. Adicionalmente, la segregación de sustancias tóxicas durante su provisiones puede ocasionar deformidades en las hojas, ramas y frutos, debilitando la planta y afectando su crecimiento y rendimiento.
El presidente de la Asociación de Productores de Invernaderos de Rancho Hacia lo alto, Octaviano Mejía Macea, consideró que, sin el apoyo de las autoridades del Gobierno central, a través del Ocupación de Agricultura, no existen posibilidades de que los productores en animación controlado o invernaderos salgan a flote, incluso mejorar los niveles de productividad.
El combate de esta plaga, según explica, ha afectado sus costos producción porque deben fumigar interdiario para controlar sus bienes sobre la producción. “Esta plaga nos tiene en situación crítica. Si nos descuidamos no tenemos ni para el mercado particular”, explicó Mejía Macea, quien incluso refiere el pelea que significa para ellos las fluctuaciones de precios, tomando en cuenta que sus costos sólo aumentan por los insumos y por tratar de frenar las plagas.
Respalda que el Estado subsidie la producción agrícola porque es un sector impredecible, pero vivo para nutrir la soberanía alimentaria del país. En ese sentido, entiende que deben buscarse mecanismos efectivos y de compensación para que los productores en animación controlado tengan apoyo financiero para los insumos de control de plaga, ya que resulta difícil arribar a ser sostenible en el tiempo.
En cuanto a la cantidad de productores, estimó que en sólo en Rancho Hacia lo alto hay más 1,000 activos y que en la cooperativa hay inscritos 148 como miembros. Sólo en su asociación, dice, hay 84 que se dedican a producir en invernaderos.
“Estamos luchando por sostenernos. Es como le digo: no es una cosa que usted quitarse como una sábana”, explicó, mientras admite que la actividad podría ser más rentable si tuviera la mano amiga del Estado con decano cercanía. En este sentido, refiere que muchos productores se ven en la obligación de tomar efectivo prestados a usureros que les cobran un 20% y más mensual, por lo que esa situación prácticamente imposibilita obtener una rentabilidad que los motive a ampliar sus proyectos.
Reconoció que el Lado Agrícola ha ayudado a algunos productores con el software tasa cero, pero ha sido insuficiente por la inscripción demanda de capital que hay. Destacó que en esa zona hay más de 3.5 millones de metros cuadrados en invernaderos, lo que da una idea de lo importante que esa dominio por su aporte a la peculio dominicana en la concepción de divisas a través de las exportaciones.
“Puedo afirmar que ni en España existe la modernidad que tenemos aquí en estructuras de invernaderos. Entiendo, entonces, que este esfuerzo amerita de parte del Gobierno central y Agricultura más atención cerca de nosotros. Lo primero que se hizo aquí fue suprimir una gran parte de los técnicos agrícolas, lo cual es muy película. Nos estamos manejando con las uñas”, explicó Mejía Macea.
Sobre los márgenes, refiere que cultivar una libra de ají morrón cuesta rodeando de RD$35.00, por lo que cuando nos vemos en la obligación de entregar a RD$10.00 es incongruente con el esfuerzo. “Suponga usted lo que nos pasa”, dijo. Expresó que ese subsector agrícola tiene muchas cosas en contra. Entre las dificultades que enfrentan está la naturaleza, pues cada vez que se daña una loncha de plástico hay que comprarla por hasta RD$50,000 para evitar que la producción falle.
Dijo que en estos momentos los productores bajo animación controlado o invernaderos atraviesan serias dificultades. Sobre el porqué siguen en ese maniquí de cultivo si tienen problemas, Mejía Macea explica que no resulta una tarea manejable salir luego de alterar millones de pesos en una actividad en la que se ha confiado demasiado.
“Tenemos compromisos de hasta RD$60 millones y dejar la tierra en la que has invertido. No se puede dejar botado todo el esfuerzo de abriles. Lo que hacemos es insistir como la vida misma”, afirmó.
Respecto al impacto que ha tenido la producción en animación controlado en Rancho Hacia lo alto, Mejía Macea destacó que ese municipio y la zona tenían que ver a sus jóvenes ahuecar el ala, lo cual se ha frenado desde que se desarrolla la agricultura en invernaderos.
Caminos vecinales
El presidente de la Asociación de Productores de Invernaderos de Rancho Hacia lo alto, Octaviano Mejía Macea, llamó la atención de las autoridades agrícolas del Gobierno, a través del Ocupación de Agricultura, con relación a la obligación de reparación de los caminos que conectan las áreas de producción con los centros de consumo y de exportación.
Señaló que tienen solicitudes de reparación de caminos en diversas instituciones. Recordó que a raíz de la última vaguada el presidente Luis Abinader visitó la zona y que él, como presidente de la Asociación, recibió técnicos del Instituto Doméstico de Posibles Hidráulicos (Indrhi), enviados su director, para disponer la alternativa de algunas alcantarillas que fueron afectadas.
“Eso fue un jueves y nos prometieron que comenzarían lunes. Esta es la hora que todavía estamos esperando y hace más de tres meses de eso”, contó.
“Para arreglar los caminos debemos juntarnos todos y hacer colectas. Cooperamos y buscamos camiones, alquilamos equipos pesados, ya que no tenemos autoridad aquí que nos dé ayuda”, explicó.






