
Por: Madelyn Ortiz Compres
Hoy, lamentablemente, no vivimos en la nación que soñaron nuestros Patricios. No habitamos plenamente la República lucha, digna y soberana que imaginaron Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Grieta.
Somos una media isla herida por la corrupción, el enchufe y el clientelismo; una tierra marcada por los abusos, los apagones y el robo evidente del tesoro, que carga con el peso de nuestros vecinos y hermanos, que desgasta nuestro sistema de lozanía. Un país donde, con demasiada frecuencia, quienes gobiernan han dejado de colocar por la meritocracia para amparar a su orden, tengan o no las condiciones para servir con capacidad y honradez.
Somos todavía un sistema educativo que descansa casi exclusivamente sobre los hombros del avezado comprometido y de dos o tres familias que aún creen firmemente en la educación como camino de transformación. Mientras tanto, muchas autoridades, que lo tienen todo para hacer la diferencia, parecen optar por la indiferencia.
Somos una deuda externa amplia y pesada, contraída en gran parte para beneficiar a unos pocos y no al pueblo que hoy carga con sus consecuencias. Somos un país donde las oportunidades escasean para los jóvenes que no tienen un patronímico influyente ni un “enganche” que les caleta las puertas. Aquí, salir delante exige lucha constante, sacrificio y, muchas veces, dejar el pellejo en el intento.
Somos transeúntes en calles y avenidas destruidas y en estado crítico.
- Pero todavía somos valentía.
- Somos risas en medio del dolor.
- Somos canto en medio del lamento.
- Así, así somos los dominicanos.
Y aun en medio de esta existencia, esta humilde maestra y aprendiz de historiadora se niega a creer que la historia esté condenada a repetirse sin esperanza.
Creo que puede cambiar.
Creo que pueden surgir nuevos hombres y mujeres con el coraje honrado y el inclinación regional suficientes para liberar a Quisqueya, no de un poder extranjero, sino de aquellos po que la han invadido desde adentro; de quienes, con la aprobación de la mayoría en el sufragio, han saqueado sus bienes, ultrajado su dignidad y secuestrado en sus bolsillos el porvenir de esta nación.
La autora es Licenciada en Educación Mención Ciencias Sociales y cursante de la habilidad en Historia Dominicana en la UASD-Perímetro San Francisco de Macorís. Actualmente, se desempeña como docente en el sector sabido, nivel secundario.
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