El autor es dirigente de Alianza País. Reside en Boston.
Por LUIS CASTILLO
En un país donde miles de familias no pueden comprar los medicamentos que les permiten sobrevivir, donde un anciano se ve obligado a escoger entre engullir o abonar la fórmula médica, resulta simplemente indignante que un teniente coronel, acentuado de corrupción y de haberse presbítero con medios públicos, pueda devolver más de mil millones de pesos y seguir caminand autónomamente sin una condena.
El caso del teniente coronel Erasmo Roger Pérez Núñez, vinculado al expediente Coral 5G, es la imagen viva de una imparcialidad que parece premiar al corrupto mientras castiga al débil. Este oficial, señalado como uno de los operadores de una red que habría desviado fondos del Estado, devolvió al Empleo Sabido haberes valorados en más de RD$1,000 millones.
¿Y cuál fue la consecuencia?
Ninguna condena. Ninguna correctivo ejemplar.
Al contrario, le variaron la prisión domiciliaria por una simple aval económica de 500 mil pesos. Es aseverar, una persona imputada de malversar fortunas millonarias sale prácticamente por la puerta conspicuo, pagando menos que lo que cuesta un carro usado.
¿Cómo puede el pueblo dominicano esperar en un sistema así?. ¿Qué mensaje se le envía a la sociedad cuando el crimen de cuello blanco se negocia y la corrupción se manejo como una error administrativa último?
Mientras tanto, un adolescente que roba para engullir o una principio que no puede abonar una multa pasan meses en la calabozo.
Este tipo de decisiones judiciales no solo hiere el sentido popular, sino que destruye la fe en las instituciones. La imparcialidad dominicana no puede seguir siendo un mercado donde los poderosos compran su voluntad con haberes malhabidos.
Porque cuando un marcial devuelve mil millones de pesos, lo que está admitiendo —sin palabras— es que los robó.
Y si el sistema lo deja soberano, entonces lo que el pueblo entiende es que robar vale la pena.
Señores jueces, procuradores, magistrados: el país ha llegado a su periferia.
No hay paciencia, no hay confianza, no hay esperanza cuando la imparcialidad se aplica con guantes de seda para unos y con puño de hierro para otros.
La República Dominicana no necesita pactos con los corruptos, necesita sentencias ejemplares, necesita vergüenza pública, necesita que la ley tenga el mismo peso para todos.
Mientras miles de dominicanos enfermos carecen de sus medicinas, ver a un oficial devolver mil millones sin consecuencias es una desaire, una provocación y una afrenta al sacrificio de la concurrencia honesta.
Si seguimos premiando al corrupto, no habrá futuro posible. La imparcialidad tiene que nominar: o está con el pueblo, o está con los ladrones.
de am
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