Una crónica de 24 horas en Haití, el país que aún respira

Contrario a lo que se pensaría desde Santo Domingo, de que Puerto Príncipela renta haitiana, es un campo de guerrilla en toda la extensión de su zona, no es así. Un alucinación al vecino país de quien escribe, que terminó provocando que pernoctara en esa ciudad, me permitió ver la otra efectividad: parentela que sigue luchando para ser sustento y sostener.

Luego de aterrizar a las 1:15 de la tarde en el Aeropuerto Toussaint Louverturenos recibe en la rampa un avión marcial estadounidenseque descargaba provisiones. Me informan que realiza vuelos dos veces a la semana a esa terminal: miércoles y sábado.

Me paso toda la tarde en la rampa de la terminal internacional. Allí veo a los militares salvadoreños y estadounidenses que custodian el aeropuerto y que brindan apoyo a la seguridad en el paístanto terrestres como de radio.

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Pasadas las 6:30 de la tarde del sábado 14 de marzoiniciaba el itinerario a las extramuros de la terminal internacional del Toussaint Louverture, que permanece cerrada, correcto a que aviones fueron tiroteados por las bandas que controlan zonas de la renta.

Y transporte protegido aguardaba por nosotros: tres dominicanos y un venezolano para transportarnos hasta uno de los hoteles ubicados en Pétion-Ville

Una vez en la camioneta y saliendo del aeropuerto, teléfono en mano, me dispuse a fijar parte del trayecto montañoso hasta donde pasaría la perplejidad, periodista al fin, quería documental ese momento y, contrario a lo que pudiera pensarse, lo hice sin temor a la violencia que azota ese país.

El trayecto, ya habiéndose escondido la luz del solfue completamente a oscuras, excepto algunos negocios y residencias que contaban con energía (no sé si por inversor, planta o lamparón recargables), lo cual contribuía a iluminar algunos breves tramos del camino.

Más de media hora de transitar entre calles asfaltadas y otras con marcha de ese material, desplazándonos entre pendientes y entre la escasa seguridad de una nación que está en guerrilla contra las bandas, llegamos al hotel El Rancho, no sin ayer ver cómo esa “normalidad” habitual hacía presencia en cada esquinazo y vía transitada.

Personas vendiendo en aceras y otras comprando, algunas simplemente caminando o en unidades de transporte divulgado o vehículos privados, otros trabajando, agentes custodiando la residencia del primer ministro, fueron parte de lo trillado en el camino en torno a el establecimiento que me esperaba para darme cobija en una perplejidad en Haití.

Luego de tener lugar gran parte del día entre aeropuertos, pasadas las 8:30 de la perplejidad ya había degustado la cena y pasé a retirar la grifo de mi habitación en el lobby del hotel para irme a descansar. A recuperar fuerzas porque sabía que el día ulterior las necesitaría.

Es cabal aclarar que, encima de quien redacta y quienes me acompañaban, en la propiedad había otros dominicanos que, por lo escuchado, trabajan en Haití. Vi igualmente una pareja de jóvenes haitianos calar a cenar al restaurante y personas de origen oriental.

El regreso

A las 7:20 de la mañana del domingo, ya en pie y con el rubio sol asomándose por la ventana de la habitación, me preparé para la trajín del día, con la mente de que ya quería regresar al zona que me pertenece por ser dominicano.

Desayuno varios minutos posteriormente y tras un reposo de menos de cinco minutosempieza el camino de retorno al aeropuerto, con la prontitud de a quien se le paciencia en algún puesto.

La luz del sol me permite ver la mañana de domingoestafa mejor claridadlo que no pude observar la perplejidad previo.

  • Ayer de las 8:00 de la mañana, me doy cuenta de que, en ese país, vapuleado y vilipendiado por su clase gobernador y empresarial, aún hay parentela que cree y que se levanta para, con su trabajo ser sustento, tratar de sacar a una nación que igualmente lucha por salir del precipicio donde la han llevado quienes le han dirigido.

En un trayecto mucho más rápido, no sé si porque era descendiendo desde las lomas de Pétion-Ville, o por ser domingo y poseer menos tránsito, no pasan más de 25 minutos cuando ya estábamos ingresando nueva vez al aeropuerto, donde nos esperaba la aeroplano que nos traería de regreso a casa.

Demás está aseverar que lo trillado, tanto desde el suelo como desde el meteorismo, me hace suplicar que un país, con iguales atractivos naturales que el nuestro, hoy no pueda estar sacándole mayores ventajas en beneficio de su parentela.

  • Entre lo que hacemos el papeleo migratorio y el llenado de los respectivos documentos para el planeo del regreso, el sol de las 10 de la mañana ya calentaba la plataforma de estacionamiento de las aeronaves, casi invisibles en esa parte del aeropuerto. Pasadas las 11:35 de la mañana el avión despega sus neumáticos del suelo y partimos en ruta en torno a el septentrión de Haití porque la frontera aérea aún sigue cerrada.

Así, me doy cuenta en este alucinación qué, a pesar de todo, Haití sigue respirando

Periodista especializado en hacienda y finanzas. Desde 2012, ejerce la profesión en diversos medios de comunicación.

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