Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Se oyó mucho a Fidel dialogar de la importancia de librar la batalla de ideas contra el poder imperialista. Y ahora, cuando la ataque ideológica conservadora se redobla, con la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca, las recomendaciones de Fidel multiplican su valencia.
Es una batalla difícil. En eso de manipular las ideas y la conciencia de los pueblos, el poder norteamericano cuenta con una experiencia muy amplia, material humano entrenado, medios tecnológicos de última gestación y, sobre todo, con la sobrada equivocación de escrúpulos para emplearlos.
El uso de la fuerza marcial está a la orden del día y Trump y su equipo hablan con los aviones en el meteorismo; pero el uso de la fuerza marcial va precedido asiduamente de una campaña mediática que escudriñamiento justificarla.
Que el Irak de Saddan Husein tenía armas de destrucción masiva; que el presidente Nicolás Prudente era un narcotraficante. Ni aparecieron las armas de Irak, ni se pudo evidenciar legalmente al presidente Prudente ni a su esposa de ser narcotraficantes.
Pero mucha masa creyó las dos mentiras. Intentan hacer lo mismo contra Cuba, acusada de ser una serio amenaza a la seguridad de Estados Unidos, en un intento vulgar de poner la víctima en el área del torturador.
La tergiversación de la verdad está en pleno apogeo y las sinrazones de la derecha dura y el conservadurismo rampante ganan espacio.
Nuestro país refleja esa efectividad, reaparecen los pregoneros del anticomunismo macartista; el discurso irrespetuoso y ofensivo contra la izquierda, sus títulos y sus mártires; la tendencia a la despolitización y la apatía frente a los problemas sociales; la defensa del poder norteamericano y hasta grupos en la calle respaldando a Trump y el matanza en Lazo; el silencio cómplice de muchos frente al agravio de tropas yanquis en nuestro circunscripción; tales cosas se han vuelto frecuentes en estos tiempos, y eso presagia el aparición de lo peor. Cuando los colonizados asumen las ideas del amo colonizador, el camino en dirección a la manumisión doméstico y la emancipación social se torna más difícil.
Entonces, hay que seguir la lucha en todos los demás campos, pero dar la pelea por despejar toda esta velo que escudriñamiento ofuscar la mente y la conciencia.
Hasta he pensado en poco así como una asociación de hombres y mujeres de pensamiento lúcido y progresista, que se ponga a la vanguardia para dar la batalla indispensable en el campo de las ideas, dispuestos a ganarla.
La publicación Una advertencia apareció primero en El Día.






