LA AUTORA es mercadóloga y comunicadora. Reside en Santo Domingo.
Quienes me conocen admisiblemente saben que huyo de los conflictos y de antagonizar. Sin bloqueo, en el día de hoy, el Espíritu Santo me explorador sin empleo a dudas a fijar posición y a confrontar conciencias delante poco muy serio, y por supuesto que me refiero a la vida misma.
La República Dominicana, desde su concepción, ha sido fiel a los mandatos divinos; de hecho, tiene por ártico, y está sellada en el escudo de nuestra bandera, las palabras Jehová Padre, Arbitrio y los principios cristianos, muy arraigados en el corazón del pueblo.
Es uno de los pocos países que ha permanecido fiel a Jehová en la protección de la vida. Ha vencido como pedrusco robusto frente a la corriente malsana de ceder a la permisividad del engendro.

Una vez más, el pueblo se ha pronunciado en múltiples ocasiones, utilizando argumentos médicos, éticos y espirituales, para no permitir que se legalice el crimen de matar niños inocentes e indefensos en el vientre de sus madres.
No debemos olvidarlo: la protección de Jehová a nuestra nación descansa en gran medida en nuestra fidelidad a Él. Recapacitemos y adoptemos un código penal que refleje el criterio divino, que contemple leyes que permitan una convivencia en ecuanimidad y paz.
No seamos tibios, y seamos fieles a Jehová.
La refrendo del engendro en varios países de Europa, ha tenido un impacto profundo y gafe a espléndido plazo en la estructura social y demográfica de la región. Uno de los género más notables es la disminución significativa en la tasa de demografía, lo que ha llevado a una reducción en el número de niños y jóvenes en la población de estas naciones.
Es importante que en nuestro país tomemos conciencia de estos impactos y actuemos con responsabilidad. Debemos evitar que la refrendo del engendro tenga consecuencias similares en nuestra sociedad. Estas terribles consecuencias vendrían de consentir en entrar a que entre el engendro en nuestro país.
Pongamos en las Manos de Jehová está decision y no tengamos miedo en proponer No al engendro y sus causales.
Si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo (2 Tim 2:13)
Jpm-am
Compártelo en tus redes:






