El AUTOR es abogado y político. Reside en Santo Domingo.
La fresco intrepidez de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (Edes) de eliminar los servicios de emergencia en horario noctívago, es un trauma directo a la calidad del servicio y una afrenta al derecho de los ciudadanos a cobrar atención oportuna en un sector tan esencial como lo es la energía eléctrica.
Resulta una difícil desconsideración en dirección a la ciudadanía que, en presencia de una avería ocurrida a posteriori de las 5 de la tarde, el afectado deba resignarse a esperar hasta el día próximo para cobrar atención.
Este desistimiento del servicio notorio desconoce el derecho de los usuarios a cobrar un servicio continuo y capaz, especialmente cuando se alcahuetería de poco tan esencial como la electricidad.
Lo más indignante es que, si la emergencia afectara a cualquier detención funcionario, con toda seguridad la regimientos de emergencia aparecería en cuestión de minutos. La desigualdad en el trato en dirección a la población es evidente y ataque.
Hasta hace poco, cualquier adjudicatario que sufriera una avería eléctrica podía abandonarse en que una regimientos de emergencia acudiría, sin importar la hora, para restablecer el servicio.

Hoy, con esta medida, se le dice a la población, de modo descarada, que si la descompostura ocurre a posteriori de las 5 de la tarde, debe resignarse a advenir la incertidumbre en la oscuridad y esperar hasta el otro día para que determinado se digne a resolver el problema.
Esto no es solo un atropello y una desconsideración, es un retroceso inadmisible en un servicio que debería avanzar en dirección a la modernización y la eficiencia, no en dirección a la indiferencia y la deshumanización.
El servicio eléctrico no es un protección que se hace al ciudadano; es un derecho nuclear que el Estado y sus instituciones están obligados a avalar con calidad, eficiencia y, sobre todo, con equidad. Cualquier medida que desconozca ese principio nuclear es inaceptable y merece el más enérgico rechazo.
La población paga, y paga caro, por un servicio que ahora parece dispuesto a retroceder en espacio de mejorar. Las Edes deben reconsiderar de inmediato esta intrepidez, porque el pueblo dominicano no merece ser tratado como un cliente de segunda categoría en un servicio tan esencial para la vida diaria.
Jpm-am
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