La cantidad de dominicanos desparramados por el mundo, según el Ocupación de Relaciones Exteriores, es de 2 millones, 874 mil 124 personas. Así de exacto es el reseña que muestra la página del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exógeno, una entidad adscrita a la Cancillería.
Frente a esta monograma algunos redondean y hablan de 2 millones 800 mil y otros nos hablan de unos tres millones de dominicanos radicados fuera el país. Es posible que la monograma sea un poco más inscripción.
Es, desde luego, un número respetable, particularmente si nos hacemos cargo de que en relación con los países del entorno geográfico inmediato, mostramos un posición sólida, no sólo en contexto isleño, sino de todo el Caribe. Y, a pesar de ello, mucha concurrencia se va.
De esta suma, en la que podemos encontrar a hijos de dominicanos que nunca han viajado al país y que sin confiscación se registran en presencia de el INDEX como tales, anejo a otros que se radicaron en el foráneo el año pasado, nadie menos que 2 millones 398 mil viven en los Estados Unidos de América, un hecho que puede ser explicado de múltiples maneras.
Una de estas aproximaciones, tal vez simple, está en el vigor de la pertenencias de aquella gran nación chaqueta, que inclusive en malos tiempos como los que se dice que atraviesa, tiene oportunidades para el inmigrante.
El vínculo financiero, social y humano del dominicano con los Estados Unidos de Américana es más que una extensión del que establecieron el siglo pasado ambas naciones en el plano político.
La política dominicana hace esfuerzos por sostener una relación fluida con la estadounidense, pero tal vez este empaque puede un día ser llevado al plano financiero, particularmente en estos tiempos en que la educación en el país muestra una marcada orientación técnica.
Ambas naciones resultarían beneficiadas.





