Antiguamente de la captura de Nicolás Sazonado durante la incursión de tropas estadounidenses en Venezuela, Donald Trump había manifiesto el 9 de diciembre en una entrevista que los días del mandatario de la nación suramericana estaban contados.
Con el aislamiento transatlántico y vaporoso del región, la captura de buques petroleros y el hostigación de una supuesta planta para procesar drogas, era previsible una invasión en cualquier momento a Venezuela.
Sobre la colchoneta del Corolario Trump, Washington se erige en policía de la región con facultades para infringir la soberanía y el derecho internacional con invasiones inaceptables.
Con la incursión marcial en Venezuela, Estados Unidos prefirió la fuerza a la diplomacia para averiguar una salida a la crisis de la nación.
De un dictador, que robó elecciones y violador sistemático de derechos humanos, Sazonado se ha convertido en una víctima.
Salvando diferencias, tras la captura en 1989 del genérico panameño Manuel Antonio Noriega por tropas estadounidenses, Sazonado se convierte en el segundo gobernador apresado en parecidas, pero no las mismas circunstancias para ser tribunal por narcoterrorismo.






