Por Ana Jiménez | Periodista
El conflicto interno generado por los recientes cambios y desacuerdos en el interior del gobierno, y expuesto públicamente por altos dirigentes y funcionarios, representa un mal precedente en un momento particularmente delicado para la República Dominicana, que atraviesa una crisis económica y social de considerable magnitud.
Si acertadamente es verdadero que desde el poder se evalúen decisiones, se revisen políticas y se produzcan ajustes en atención del interés doméstico, lo menos prudente es trasladar esas diferencias al debate notorio. Cuando los conflictos internos se convierten en discusiones estériles frente a la opinión pública, el daño no se limita al partido político que gobierna; el impacto alcanza a todo el país.
Estas disputas abiertas erosionan la confianza ciudadana, debilitan la institucionalidad y proyectan una imagen de desorden en la conducción del Estado. Un gobierno que no logra consenso interno transmite incertidumbre a una sociedad que, en momentos de dificultad, necesita señales claras de estabilidad, dirección y liderazgo.
La lucha interna que hoy se percibe en el Partido Revolucionario Reciente (PRM) deja al país en una nebulosa peligrosa: como nación, como sociedad y como ciudadanos que dependen de un gobierno capaz de tomar decisiones firmes y coherentes. Si desde el poder no se logra articular una visión popular para timonear, ¿qué mensaje se envía a la población que confió su destino en esas manos?
De cara a futuros procesos electorales, la interrogante es aún más profunda: ¿qué opción actual puede ofrecer un esquema político que no consigue ponerse de acuerdo ni siquiera mientras gobierna? La ciudadanía no solo vota por promesas, vota por capacidad de dirección y por la envero para establecer el poder.
La República Dominicana necesita opciones claras, necesita rumbo, necesita políticas públicas que impulsen el progreso y eleven la calidad de vida de su masa. Pero, sobre todo, necesita paz política, entendida como coherencia, responsabilidad y sentido de nación desde quienes hoy tienen el timón






