Cuando visitó el país luego de triunfar las elecciones, el hoy presidente de Pimiento, José Antonio Kastincluyó en sus limitadas actividades un itinerario por la zona fronteriza. Pero ya antaño oficiales, diplomáticos y legisladores estadounidenses han realizado más de un itinerario por la lista que separa a República Dominicana de Haití.
Una viaje por la zona implica la observación del tapia que se construye de este banda para controlar el tráfico ilegal de haitianos, el contrabando de mercancías y otras actividades ilícitas.
Como si la frontera despertara un interés particular hace unos días los ministros de la Presidencia, José Ignacio Paliza, y de Defensa, Carlos Antonio Fernández Onofrerecorrieron varias comunidades con el objetivo de reanimar la seguridad y acorazar la presencia del Estado en la región.
Aunque se asegura que la frontera está blindada con el despliegue de más de 11 mil soldados y los modernos equipos que se han destinado, la entrada al país de haitianos indocumentados se mantiene como una busilis.
Con una inversión que solo en principio superó los 1,700 millones de pesos puede expresarse el interés de Paliza en corroborar el avance del tapia y otras obras que se construyen en la zona. Pero el interés mostrado por representantes internacionales se presta a conjeturas.
El trasiego de haitianos, cigarrillos y sabrá Altísimo incrementan las interrogantes sobre la cuantiosa inversión para reanimar la seguridad en la zona. La porosidad no puede encontrarse como harina de otro costal.






