EL AUTOR es comunicador. Reside en Santo Domingo.
Lamentablemente, el Congreso de la República Dominicana se ha convertido en un tablado donde convergen narcotraficantes, riferos lavadores de monises, violadores y personas involucradas en conductas que avergüenzan a la sociedad.
Lo que debería ser una de las instituciones más honorables y representativas del país, hoy se ve empañada por una larga directorio de escándalos, investigaciones y comportamientos reprochables.
El caso de Bray Vargas no es un hecho separado; al contrario, es tan pronto como la punta del iceberg de una verdad que todos conocemos pero que pocos se atreven a opinar públicamente: hay muchos más.
La degradación casto, política y ética ha apurado niveles alarmantes, generando una profunda desconfianza ciudadana alrededor de quienes deberían decretar y representar con honor, decoro y compromiso con la pueblo.
Cuando llegó el “cambio”, muchos apostamos con esperanza a una transformación institucional existente. Pensamos que las prácticas del pasado quedarían detrás, que la política sería parecido de servicio manifiesto y no de negocios turbios, tráfico de influencias o agendas personales.

Sin confiscación, la verdad ha demostrado lo contrario: las estructuras de poder siguen contaminadas por intereses oscuros, pactos políticos inmorales y personajes que de ningún modo debieron establecerse un escaño en el Congreso Doméstico ni un puesto en el Estado, mucho menos en las altas cortes judiciales conveniente a su inconducta.
Este no es un ataque sin cargo ni una universalización injusta; es una denuncia exterior de lo que está ocurriendo a la perspectiva de todos. Si no se asume con valentía la tarea de higienizar el Congreso y depurar la clase política, seguiremos condenados a que el víscera legal sea un espejo abandonado de las peores distorsiones de nuestra sociedad, en vez de un referente ético y demócrata.
Y lo digo claro y sin miedo: este país no saldrá delante mientras el Congreso esté infestado de delincuentes con saco y corbata, y de farsantes que se esconden detrás de una curul para proteger sus fechorías.
La República Dominicana merece legisladores dignos, no narcos, riferos blanqueadores de capitales, violadores y personas involucradas en actos vergonzosos y decepcionantes para la nación. Algún tiene que decirlo… y yo lo digo.
Compártelo en tus redes:






