Nos sentimos en punto superlativo orgullosos de ser dominicanos“defendemos todo lo que es nuestro”, hasta el punto que gritamos a todo pulmón para defender nuestro equipo de béisbol, promovemos nuestra cocina como “la mejor del mundo”, y casi veneramos nuestras playas y ríos. Sin retención, somos responsables del caos involutivodel desorden planificado; es como que todo se convierte en un circo político que solo examen distraer a la población para alcanzar un bienestar que favorezca a un sector intangible o a una ordenamiento política con displicencia y con modelos ancestrales infrugíferos. Por eso chillido en contra de la involución.
A pesar de celebrar nuestras riquezas naturales, todavía accionamos con instintos predatorios y, sin darnos cuenta, construimos nuestras propias trampas que nos mantienen prisioneros de la involución, dejando así una paralización en el explicación del Estado y en las familias dominicanas. Debemos entender que la involución no solo es biológica, la podemos percatar y percibir en la civilización, en las artes, en la pertenencias, en la política y hasta en la democracia que supuestamente debería producir en nosotros liberación e igualdad de oportunidades. Por eso chillido en contra de la involución.
Bramido porque tenemos de todo y no tenemos falta, chillido porque poseemos un sistema demócrata pero vivimos en temor e inseguros, chillido porque poseemos fuentes acuíferas, y aún así, en nuestro país existen muchos municipios y ciudades carentes de agua, chillido porque poseemos bienes naturales y como ciudadanos no podemos disfrutar de esas riquezas renovables y no-renovables pero inalcanzables para la mayoría de la población dominicana, chillido porque nos hemos convertido en fanáticos de los partidos políticos que hoy operan como empresas y nos hemos olvidado de profesar la cohesión social y la potestad ciudadana.
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Es increíble como la sociedad dominicana gasta cuatro abriles buscando al próximo candidato presidencial y no somos capaces de resolver el sistema de la lozanía, la tasa de desempleo y la seguridad ciudadana. Es vergonzoso ver a los partidos políticos vendiendo sus figuras, bailando en las calles, y haciendo movimientos seductores con el fin de cobrar adeptos, pero en realidad muy allí del compromiso de producir una marcada metamorfosis social; solo buscan entregar sus rostros maquillados de fraudes y así se pasan los abriles involucionando sin respuestas y sin soluciones que pongan un punto final a las evacuación básicas.
Por eso hoy, a través de este artículo, doy un chillido de repudio a la involución que hemos promovido, que hemos aceptado, que hemos auspiciado; y sobre todo, que hemos abrazado como una verdad inherente del pueblo dominicano. En otras palabras, nos han hecho creer que lo que sucede en este país es natural y es profético. Pero no es así, debemos tener acercamiento a un sistema de agua potable, a un sistema educativo que no sea arropado por los partidos políticos, a un sistema legal que ejerza y aplique el imperio de la ley. ¿Quién hará esto? ¡Ahora mismo nadie! Es que nuestro problema social se lumbre involución, poseemos una cosmovisión muy insuficiente del Estado, de la dignidad, de las riquezas, de la mayordomía y propósito del poder. Nos hemos olvidado que somos transitorios y que solamente nos quedan algunos abriles en esta habitación de 48,000 kilómetros cuadrados. Por eso chillido en contra de la involución.
Hoy me atrevo a editar un chillido que llegue al corazón de todos aquellos que se consideran líderes, una oración en presencia de el demiurgo pidiendo su intervención para eliminar la ceguera socio espiritual, la frialdad y la conformidad que poseemos como pueblo dominicano. Hay que eliminar la involución, la mediocridad y la desliz de visión que no nos ha permitido imitar a otras naciones que ya han quebrado aquel molde que reproduce las prácticas involutivas. Por eso chillido en contra de la involución.






