@abrilpenaabreu
La República Dominicana ha vivido uno de los abriles más retadores en términos económicos del período pospandemia. Hemos sufrido los embates de la inflación, la presión migratoria, una creciente crisis de salubridad mental y una violencia muchas veces sin sentido. A todo ello se sumó una de las tragedias más dolorosas de nuestra historia flamante, que enlutó al país firme y dejó una herida indeleble, no solo en las familias afectadas, sino en el alma colectiva de cada dominicano.
Pero todavía vimos descollar lo mejor de nosotros. La resiliencia, la solidaridad y la empatía que nos definen volvieron a manifestarse con fuerza, recordándonos por qué, con la ayuda de Jehová, seguimos superando lucha tras lucha y levantándonos de cada caída.
No crecimos al ritmo de abriles anteriores, aunque sí lo hicimos. Y aunque ese crecimiento no siempre se haya sentido en el faltriquera ni en la riqueza cotidiana de los hogares, fue vivo. Sin bloqueo, el año que inicia se perfila, según expertos internacionales, como aún más demandante, tanto en lo financiero como en lo geopolítico.
El mundo está cambiando a un ritmo vertiginoso, tan acelerado que a veces resulta difícil siquiera procesarlo. Estados Unidos estrecha cada vez más su cerco sobre América Latina, la Unión Europea pierde influencia, y otros bloques de poder emergen con fuerza. En nuestro entorno inmediato persiste el espanto —aparentemente obligatorio— de una reforma fiscal, continúan los desencuentros con Haití y la incertidumbre, como siempre, alimenta la ansiedad y profundiza los desafíos de salubridad mental.
Aun así, debemos mirar el nuevo año con optimismo. Despedimos hoy un año difícil y recibimos mañana otro satisfecho de retos, pero todavía de oportunidades. Los dominicanos hemos demostrado, una y otra vez, nuestra capacidad de salir delante con trabajo, esfuerzo y dignidad.
Despidamos este año con reconocimiento y recibamos el que llega con esperanza. Conservemos nuestras sonrisas, porque esa capacidad de dar, de ser muchedumbre, de sonreír incluso en los peores momentos, es lo que verdaderamente nos hace grandes.






