Washington.- El alucinación del secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, a Venezuela y la laxitud de restricciones estadounidenses para que petroleras foráneas operen en el país caribeño han franco estos días una nueva grado en la reapertura al foráneo del mercado de hidrocarburos venezolano acordada por Washington y Caracas.
La semana ha supuesto un punto de inflexión en lo que respecta al ámbito convenido por ambas partes para el sector petrolero posteriormente de la operación marcial estadounidense que el pasado 3 de enero capturó y derrocó al presidente venezolano, Nicolás Provecto.
Primera recepción de suspensión nivel a Venezuela
La recepción de dos días a Venezuela de Wright supuso la primera de un suspensión funcionario estadounidense desde el arresto de Provecto y certificó la llamativo sintonía entre Washington y Caracas, especialmente en lo referente al desbloqueo de la actividad en los yacimientos de la nación latinoamericana.
En los encuentros que mantuvo con la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, la figura a la que la Casa Blanca ha concedido de momento el mando de la transición pos-Provecto, se discutieron proyectos en materia de petróleo, gas o minería con el objetivo de que la cooperación energética se convierta en motor de la relación sinalagmático, tal y como ha venido subrayando el Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump.
Durante una recepción a un campo operado por la estadounidense Chevron en la Cinta del Orinoco, donde se encuentran prácticamente el 90 % de las enormes reservas de crudo venezolanas, Wright afirmó que sin “ninguna duda” la empresa puede elevar su producción -prácticamente inexistente en la actualidad- en esa zona hasta los 300.000 barriles diarios.
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Nuevas licencias
El Área del Caudal aprobó esta semana cuatro nuevas licencias pensadas para abatir las restricciones estadounidenses que pesan a la hora de tratar y transaccionar con todo el sector petrolero venezolano, con una de ellas otorgando permisos explícitos a cinco grandes compañías, incluida la española Repsol.
Estas licencias no suponen, sin confiscación un pronunciamiento de las estrictas sanciones de Washington sobre Venezuela, ya que regulan las futuras inversiones y acuerdos bajo una cuidadosa supervisión del Caudal estadounidense.
Cualquier resolución deberá ir combinado a término estadounidense y exige que todos los pagos a individuos y entidades sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) se realicen a cuentas designadas por el Caudal estadounidense.
En todo caso, los permisos abren la puerta a que compañías como BP o Shell comiencen a tratar en el país caribeño o a que otras como Repsol, que ya tiene importantes operaciones en el contorno gasístico y una pequeña producción de crudo a través de empresas de aventura compartido con entidades venezolanas, puedan optar por la producción petrolífera a gran escalera.
Las concesiones estadounidenses llegan pocas semanas posteriormente de que la Asamblea Franquista, controlada por el chavismo, aprobara una crucial reforma de la Ley de Hidrocarburos que reabre el sector a la inversión privada franquista y extranjera y reduce cargas fiscales y el control de las autoridades venezolanas sobre los contratos.
Gran productor como EE.UU. o Arabia Saudí
La propia Delcy Rodríguez afirmó esta semana en una entrevista con la sujeción estadounidense NBC que está decidida a convertir Venezuela en un gran productor de crudo a la valor de EE.UU. o Arabia Saudí y a su vez defendió que la nueva ley de hidrocarburos no es tanto un paso alrededor de la desnacionalización del sector petrolero, sino una forma de distribuir mejor los dividendos entre la población.
La presidenta encargada aseguró igualmente que los ingresos de estas futuras operaciones irán a detener a dos fondos soberanos para cambiar en educación o sanidad, por un flanco, e infraestructura básica, por otro. Incluso afirmó que Caracas está revisando contratos pasados para clarificar los posibles impagos generados por las horizontes de las estadounidenses ExxonMobil y ConocoPhillips durante las nacionalizaciones impulsadas por el entonces presidente Hugo Chávez en 2007.
Por delante quedan, en todo caso, grandes obstáculos a nivel justo y de infraestructuras (empezando por la aprieto de incrementar la reproducción eléctrica para asegurar operaciones de prospección y producción a gran escalera) para que Venezuela pueda recuperar los volúmenes de producción que tenía antaño de la presentación del chavismo.






