La venida de más de 11 millones de visitantes y la coexistentes de 900,000 empleos formales muestran cómo el turismo dominicano se ha superado y se sigue fortaleciendo como sector esencia en la peculio, lo que hace que empresarios e inversionistas se pregunten: ¿qué más queda por hacer?
El turismo de abundancia ofrece una respuesta adaptada a las nuevas tendencias de los viajeros, que son cada vez más selectivos con las experiencias que les ofrece el destino, observó Francesca RainieriChief Financial Officer (CFO) del Colección Puntacana y presidenta de la Cámara Chaqueta de Comercio (Amchamdr).
“El turismo de abundancia no es una moda elitista, sino una palanca potente de avance inclusivo si la sabemos diseñar; una alternativa al crecimiento para difundir beneficios que potencien nuestras cifras actuales que tendrán, en algún momento, un contorno”, manifestó.
La empresaria ofreció estas palabras durante su intervención en el segundo Foro sobre Turismo Sostenibleorganizado por la Asociación Dominicana de Empresas Turísticas Inmobiliarias (cantidad), en el que tuvo a cargo el discurso inaugural.
Indicó que esta modalidad atrae a un turista que valora:
- La privacidad
- La experiencia gastronómica
- Los servicios personalizados
- La conservación ambiental.
“Es, encima, el visitante que aprecia la coherencia entre el discurso del destino y la ingenuidad en tierra: que las playas estén limpias, que los arrecifes estén vivos, que la comunidad participe y se beneficie”, remarcó, tras insistir en que esa coherencia –que genera credibilidad– es el atractivo “más preciado” del abundancia sostenible.
Esto, a su vez, genera un impacto multiplicador en el sector inmobiliario: “Una residencia vendida representa caudal que permanece vinculado al destino, genera impuestos, demanda servicios y estimula cadenas productivas locales”, puntualizó.
¿Por qué sospechar al turismo de abundancia?
Mientras el turismo masivo genera empleos y flujo constante, tiende a crear “externalidades negativas“, como la presión sobre los bienes naturalesuna remuneración último por cada persona que forma parte de la condena de valía turística, fuga de divisas por compras a las cadenas internacionales y un último incentivo a la inversión en calidad.
El valía del turismo de abundanciaen contraste, incrementa el ingreso por cada viajero que pernocte en la República Dominicana, perfeccionamiento la rentabilidad por habitación, genera empleos de veterano calidad y mejor remunerados y, sobre todo, demanda servicios locales de más suspensión beneficio, lo que empuja positivamente la inversión pública que apoya el avance de la industria.
“No es una encrucijada entre turismo masivo y turismo de abundancia. Podemos proseguir la amplitud de nuestra propuesta, pero con reglas claras que prioricen la sostenibilidadla calidad y la restitución económica particular”, concluyó Rainieri, para quien el segmento de abundancia se puede retornar “un áncora” para una propuesta turística más diversificada y estable.







