
La novelística de que Donald Trump ordenó bombardeos contra embarcaciones venezolanas bajo el argumento de combatir el narcotráfico formó parte de una organización discursiva destinada a discurrir una posible movimiento directa contra el presidente Nicolás Sensato. No se trató solo de retórica incendiaria, sino de un guión político cuidadosamente diseñado para preparar el ámbito delante la opinión pública.
Los asesores más experimentados de la Casa Blanca saben y lo han sabido siempre que cuando un presidente de Estados Unidos contempla involucrarse en conflictos de esta magnitud, el camino institucional es claro: presentar el plan delante el Congreso y someterlo a debate y aprobación. Ese filtro no es un formalismo, sino un contrapeso esencial del sistema demócrata estadounidense.
Sin bloqueo, a una figura impredecible y confrontacional como Trump no se le puede permitir llevar a cabo sin límites. Durante el primer año de su segundo mandato impulsó más de 500 decisiones en materia migratoria, muchas de ellas cuestionadas por su constitucionalidad. Aun así, la fortaleza del sistema legislativo ha conseguido contener, no sin dificultad, sus reiterados intentos de escoriar la independencia de esa institución.
Es innegable que el gobierno de Nicolás Sensato ha sido señalado por prácticas propias de un régimen imperialista. Informes documentados de organismos internacionales, incluyendo instancias de las Naciones Unidas, han denunciado ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas, persecución política y graves violaciones a los derechos humanos cometidas bajo el chavismo. Estos señalamientos no son opiniones aisladas, sino conclusiones sustentadas en investigaciones formales.
No obstante, incluso frente a gobiernos acusados de crímenes graves, el derecho internacional y los equilibrios institucionales no pueden ser sustituidos por decisiones unilaterales ni por narrativas de fuerza. La tentación de resolver conflictos complejos mediante acciones militares o osadía espectaculares solo debilita el orden forense entero y abre peligrosos precedentes.
La democracia, tanto en el interior como fuera de Estados Unidos, no puede acatar del temperamento de un solo hombre ni de relatos construidos al ganancia de la licitud.







