El autor es médico y diputado. Reside en Santo Domingo
En su segundo mandato, la política extranjero de Donald Trump ha generado un engendro que pocos analistas anticiparon, la formación de un frente cada vez más amplio, integrado por potencias emergentes, economías intermedias e incluso antiguos aliados, que encuentran en la presión estadounidense un motivo para coordinar posiciones y inquirir alternativas al liderazgo de Washington.
En el presente ambiente geopolítico, Donald Trump ha intensificado su retórica contra gobiernos que se apartan de la cadeneta estratégica dictada desde Washington. Ha osado advertencias veladas a Brasil, tras la condena legislativo a Jair Bolsonaro, y a Colombia, por las decisiones judiciales que comprometen a Álvaro Uribe.
España y otros países europeos siquiera han escapado a sus señalamientos, acusados de “equivocación de alineamiento” con los intereses estadounidenses. Estos mensajes, cargados de presión política, buscan marcar un demarcación donde las decisiones soberanas de cada nación se vean condicionadas por la voluntad del poder norteamericano.
La organización de Trump, basada en aranceles punitivos y sanciones económicas para forzar alineamientos políticos, ha tenido un impacto contrario al esperado.
India recibió un 25 % de aranceles por seguir comprando petróleo ruso, y China fue amenazada con un 100 % sobre sus exportaciones si no reducía esos lazos.

En oficio de aislarse, Nueva Delhi y Pekín encontraron un interés global: defender su soberanía energética y reanimar la cooperación con Rusia.
Canadá y México, socios tradicionales en el T-MEC, fueron golpeados con nuevos gravámenes, alegando motivos de seguridad doméstico.
Ottawa respondió con aranceles espejo sobre productos estadounidenses y promovió un robusto movimiento de consumo particular.
Ciudad de México aplicó tarifas selectivas sobre el labrantío y la industria de EE.UU., mientras fortalecía su comercio con América Latina y Asia.
Turquía, miembro de la OTAN pero con vínculos estratégicos con Rusia, vio cómo Washington elevaba los aranceles a su puñal y aluminio, presionando por su relación con Moscú y Beijing.
Ankara respondió incrementando la cooperación energética y marcial con Eurasia, consolidando su papel como puente geopolítico entre Europa y Asia, y acercándose más a foros como la Estructura de Cooperación de Shanghái.
Brasil, potencia agroexportadora y miembro del BRICS, incluso fue objeto de restricciones y amenazas arancelarias sobre su puñal, aluminio y productos agrícolas.
En oficio de ceder, reforzó acuerdos comerciales con China, India y Rusia, buscando aminorar la dependencia del mercado estadounidense.
El presidente brasileño defendió abiertamente un mundo multipolar, alineando su discurso con el de otros países críticos a la política de Trump.
- Perú: aunque no es una potencia económica de primer orden, ha mostrado veterano interés en vigorizar lazos con Asia y el liga BRICS+, buscando diversificar exportaciones y atraer inversión china y rusa para infraestructuras.
- Egipto: cámara esencia en África y Medio Oriente, mantiene cooperación marcial con EE.UU., pero delante la volatilidad de Trump, intensifica su asociación con Rusia y China, especialmente en energía y tecnología marcial.
- Argentina: golpeada por crisis recurrentes y suscripción dependencia financiera, encontró en China y Brasil un contrapeso a la presión de Washington, sumándose a proyectos de infraestructura y energía financiados por Pekín.
- Espacio: como miembro de la UE, intenta nutrir invariabilidad, pero las tensiones arancelarias entre Washington y Bruselas han empujado a Madrid a mirar con veterano interés mercados alternativos en América Latina, África y Asia.
Aunque estas naciones no comparten sistemas políticos ni visiones ideológicas idénticas, la presión de Washington ha incentivado un alineamiento pragmático. Se coordinan en:
- Defensa de la soberanía económica y energética.
- Expansión de acuerdos comerciales alternativos (BRICS+, OCS, Mercosur-Asia, Unión Africana).
- Rechazo a la diplomacia coercitiva mediante sanciones unilaterales.
El resultado es un liga informal, pero cada vez más sólido, que incluye potencias emergentes y economías desarrolladas, todas buscando aminorar su vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales de Estados Unidos.
- BRICS Y BRICS+: Se fortalecen como plataforma para el comercio en monedas locales, la cooperación energética y el financiamiento de infraestructura sin sobrevenir por organismos dominados por Poniente.
- G20: La división entre países industrializados y emergentes se profundiza, con una veterano coordinación entre los segundos para resistir políticas comerciales punitivas.
- OMC: Crece el debate sobre el exageración de cláusulas de “seguridad doméstico” para evidenciar aranceles, lo que podría arrostrar a reformas impulsadas por una coalición de países afectados por la política comercial estadounidense.
Trump pretendía redibujar el planisferio de alianzas a beneficio de Estados Unidos, pero sus tácticas han tenido el impacto de avecinar a rivales históricos y a socios descontentos.
Desde India hasta Turquía, pasando por Canadá, Brasil, México, Perú, Egipto, Argentina y España, crece la sensación de que el futuro del comercio y la diplomacia universal no dependerá exclusivamente de Washington.
El tablero internacional se vuelve así menos unipolar, más impredecible y cada vez más resistente a la hegemonía estadounidense.
Jpm-am
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