¿Trump necesita el rearme de Europa para ir por China? (3 de 3) | AlMomento.net

¿Trump necesita el rearme de Europa para ir por China? (3 de 3) | AlMomento.net

El autor es politólogo y teólogo. Reside en Nueva York

Por: Javier Fuentes

Esta tercera entrega de la serie sobre el rearme europeo impulsado por Estados Unidos. (https://elnuevodiario.com.do/trump-necesita-el-rearme-de-europa-para-ir-por-china/). Fue replanteada tras las declaraciones del ministro chino Wang Yi a los medios de comunicación.

Y, cedido la misma, consideré no profundizar con cifras y datos adicionales, ya que su palabra ofreció evidencia de que EE.UU. y China están inmersas en una gran confrontación.

Los hechos son los siguientes: La última cumbre de la OTAN, la conversación Trump-Putin, el armonía Kaja Kallas-Wang Yi, la denuncia de Von der leyen contra Pekín y lo resuelto en la reunión del monolito BRICS+, en Brasil; nos ofrecen los insumos necesarios para comprender el cuadro geopolítico mundial.

Los mismos hablan claro que no estamos delante una hipótesis, sino frente una confirmación.

“China no puede permitirse que Rusia pierda la disputa.”

Esta información opera como máxima jurídica: “A confesión de parte, licenciamiento de pruebas.”

Lo que antaño se analizaba a partir de indicadores y conjeturas, hoy se expone como evidencia irrefutable.

Lo interesante

Pero lo interesante en esta trilogía de artículos es  advertir: la disputa Rusia-Ucrania no es un conflicto regional, sino un enlace de la condena geoestratégica universal.

Por consiguiente al entender esto el rearme europeo es inminente, aunque se pierda soberanía.

Por ello, Trump le hace presión para que asuma veterano responsabilidad financiera marcial.

Esto implica que Estados Unidos se vuelque de harto al Indo-Pacífico, donde hoy, se está redefiniendo el centro del poder mundial.

En tanto en las retóricas de ambas potencias se encuentra la ficha esencia del tablero. Primero: contener a Rusia reforzando un frente marcial Occidental.

Lo segundo: Que China pueda evitar que el oso herido caiga por completo.

Esa dialéctica se entiende mejor, a la luz, de lo expresado por el ministro chino, bajo presión europea de que Pekín actúe como mediador frente a Putin.

La exigencia —europea— lo obligó a quitarse la careta de neutralidad y revelar una verdad elocuente. No solo a Oeste, sino al mundo. Wang Yi. Dijo: “Si Rusia pierde, Estados Unidos vendrá con todo contra China.” (El Mundo, 4/7/2025)

La certeza de esta afirmación rompió cualquier doble sentido diplomática y dejó al descubierto el efectivo percibir chino. Infiriendo la profundidad del rearme europeo y la visión estratégica de Pekín.

China sabe que Ucrania es tan pronto como la primera trinchera de una disputa directa-proxy, para suministrar a Moscú —un peón utilitario— como actor belicoso activo, que permite desviar la atención del Pentágono.

La exigencia por la reconfiguración marcial de Europa no es solo una chiquillada táctica: es parte del ajedrez universal que ya se despliega en dirección: Indo-Pacífico.

Trump lo sabe. Europa lo sospecha. China lo teme.

Lo que está en descanso es la nueva obra del poder mundial.

No estamos delante una suma de guerras aisladas, sino en presencia de un único conflicto sistémico, fragmentado en múltiples escenarios. (https://almomento.net/trump-necesita-el-rearme-de-europa-para-ir-por-china-2-de-3/). Citaré ejemplos veamos: Polonia invierte el 4 % de su PIB en defensa, pero lo hace adquiriendo armamento estadounidense.

Alemania reactiva su industria marcial —Leonardo, Rheinmetall AG, entre otras—, pero equipa su fuerza aérea con F-35.

Suecia invierte en defensa —Saab y GlobalEye—, pero bajo cláusulas operativas de la OTAN.

Suiza privilegia comprar F-35. Y a todo esto hay que juntar los acuerdos de los otros países e India en la modernización y pactos estratégicos militares.

Y si miramos alrededor de el futuro, Europa pagará un 3.5 % del PIB en defensa, con un tope de aumento del 5 % hasta 2030.

El cálculo cuantitativo refleja más que capacidad: revela intención, presión y dependencia.

Las cifras nos permiten proyectar el desembolso marcial por monolito, equivalente al 5 % del PIB hasta 2030:

OTAN sin EE.UU. = $1,345,690,800,000

China + Rusia = $ 1,295,000,000,000

Diferencia a valimiento de la OTAN sin EE.UU. = $50,690,800,000

OTAN con EE.UU. = $2,870,690,800,000

China + Rusia = $ 1,295,000,000,000

Diferencia a valimiento de la OTAN completa = $1,575,690,800,000

Los datos evidencian la creciente capacidad de contención de la OTAN, sin Estados Unidos.

Lo que justifica la exigencia “Trumpyana”.

Con ese incremento sostenido del desembolso marcial, orientado a un conflicto híbrido-convencional —sin acogerse al armamento nuclear—, la superioridad resulta evidente.

Aun así, no podemos perder de audiencia —y lo subrayo— que los grandes beneficiarios de este rearme universal serán las industrias militares estadounidenses.

Lockheed Martin, Raytheon, Northrop Grumman, Boeing, Normal Dynamics, Boston Dynamics, entre otras, encabezan los contratos multimillonarios firmados con países europeos.

Las industrias del vetusto continente, en comparación, juegan un rol secundario.

Según el SIPRI, en 2024 Estados Unidos concentró el 37 % del desembolso marcial universal, superando los 900 mil millones de dólares.

Europa, en conjunto, no alcanzó el 13 %. China 12%, Rusia 5%.

Pero la meta de Trump es clara: que el vetusto continente se blinde con armas estadounidenses, mientras el Pentágono redirige su atención estratégica al Indo-Pacífico.

Desde el pacto AUKUS con Australia y Reino Unido, hasta las alianzas bilaterales con Japón, Corea del Sur, Vietnam e Indonesia, Trump ha reconstruido un cinturón defensivo y ofensivo en torno a China.

Estados Unidos, en la hibridación de la disputa, ha endurecido las restricciones a los semiconductores avanzados, inteligencia fabricado, baterías y chips.

A la par, promueve la relocalización industrial en México, India y América Latina.

China, por su parte, controla el 60 % de las tierras raras (galio, germanio, neodimio, litio…), fundamentales para misiles, turbinas y microchips, y el 80 % del procesamiento mundial.

Si Pekín cierra ese canilla, “Oeste tiembla”.

De ahí el nearshoring estadounidense y las nuevas exploraciones mineras.

En el plano financiero, China impulsa una obra económica alternativa: BRICS+. Los bancos paralelos —el Nuevo Bandada de Expansión (NBD), el AIIB— y los acuerdos bilaterales “sin dólares”, mediante un “yuan digitalizado u otra divisa” y un nuevo sistema tipo SWIFT, están redibujando las reglas.

Conviene hacer un paréntesis y preguntarnos: ¿cómo es posible que la India forme parte de los BRICS+? Esa interrogante la abordaré en un artículo especializado sobre el nuevo rumbo geopolítico y crematístico decisivo de india

Todo esto tiene peso diplomático en los organismos internacionales, y igualmente a la hora de establecer alianzas militares.

Lo crematístico determina o condiciona lo político.

Hoy China no necesita tanques para ir moldeando el mundo; le puntada con puertos, deuda e infraestructura.

En 2025, China, Rusia e Irán realizaron ejercicios militares conjuntos en el rada de Omán.

Luego celebraron en Pekín una cumbre anti-OTAN con los ministros de Defensa.

El triángulo Moscú–Pekín–Teherán ya no es una teoría: es una coalición visible.

Por eso, se entiende que uno y otro países condenaron el cañoneo.

En tanto, en el extremo ideal del tablero, otro movimiento se está gestando…

Trump refuerza la frontera ártica: considera a Groenlandia un activo geopolítico decisivo, para establecer nuevas rutas marítimas con el deshielo polar y posicionar el Ártico como escena emergente de poder crematístico y marcial.

Groenlandia es rica en celeste, zinc, cobalto y tierras raras.

Su interés no es solo minero, igualmente por su ubicación privilegiada para monitorear el Atlántico Boreal y al espacio euroasiático ártico.

Trump lo sabe y actúa.

Aunque América Latina queda fuera del debate decisivo —aun siendo Brasil miembro fundador de los BRICS+—, está interiormente del cálculo imperial.

Trump observa hispanoamérica como reserva de litio, energía, alimentos y rutas bio-oceánica.

China ya no avanza en silencio: construye puertos, financia gobiernos, negocio tierra. Y ha empezado a dejar percibir su voz.

En ese ámbito universal, la frase “Trump camina alrededor de Shanghái” dejó de ser una metáfora. Se ha convertido en un proceso activo, verificable y decisivo.

No con discursos, sino con tratados, sanciones, bases militares, amenazas tecnológicas y alineamientos defensivos.

Así que la pregunta de hoy no es si EE.UU. irá contra China, sino dónde y cómo lo está haciendo: ¿por vía económica?, ¿marítima?, ¿cibernética?, ¿territorial? Y la peor bélica.

En todo esto hay otro enlace de importancia apocalíptica: Taiwán, que sigue siendo un punto tenso de ese planisferio. Obligando a China a multiplicar ensayos militares, ampliar su conjunto nuclear, desarrollar misiles hipersónicos y ejecutar simulacros de aislamiento naval.

“La veterano amenaza no es una disputa declarada, sino una colisión no gestionada entre grandes potencias”, advirtió Zbigniew Brzeziński.

Actualmente, esa advertencia se siente menos académica y más profética.

Europa, raíz de imperios, estaba cómoda discutiendo heredad verde (metas ecológicas). Trump la ha despertado, en un mundo que militariza rutas comerciales, fortifica fronteras tecnológicas y se re-configura para un conflicto que ya no es opción, sino variable estructural de un Nuevo Orden General XXI.

En este ajedrez: Europa es torre; Rusia, peón inmolado; China, rey sin corona; EE.UU., componente y magistrado; América Latina y África: los tableros.

Y la partida ya está en curso.

El rearme de Europa es imperativo para EE.UU., que no puede mirar detrás y necesita una retaguardia segura mientras su conjunto apunta al Pacífico.

Porque allí se juega el liderazgo del siglo XXI y el próximo XXII.

La brújula ya no señala Berlín-Moscú. Señala, sin rodeos, el mar de la China Meridional.

El siglo XXI tendrá un dueño. Y no lo decidirán las urnas, ni los parlamentos, sino los puertos, los cables, los chips, la inteligencia fabricado, la cuántica y los satélites.

China lo sabe. Estados Unidos igualmente.

Jpm-am

Trump no está esperando que suceda: ya comenzó a moverse.

Y la única pregunta es ¿cuándo llegará…?

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