Una buena parte de la humanidad debe estar muy preocupada por el rumbo que está tomando la situación política universal bajo la dirección del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, poniendo en peligro la estabilidad y la gobernabilidad de la mayoría de los países del planeta.
Me consulto cómo es posible que el pueblo norteamericano le haya otorgado tanto poder a un hombre enfermo, que no está facultado psicológicamente para tomar decisiones que pueden terminar afectando no solo a su país, sino al resto de los países, la primera potencia nuclear, con más de 800 bases militares diseminadas por todos los continentes para proceder en el momento que se le ordene.
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Donald Trump, con todo el poderío que tiene entre sus manos se muestra magnífico, arrogante, petulante, pedante y narcisista, características propias de un sociópata que desprecia a sus semejantes al considerarlos enanos en presencia de su elevación mesiánica propia de un dios que puede animarse quién vive y quién muere, quién merece regir y quién no. Trump es Zeus, el dios del Olimpo de la mitología griega.
Me consulto si es que el “establishment” de Estados Unidos (grupos de poder, no importa si son demócratas o republicanos, empresarios o comerciantes, importadores o exportadores) no se ha donado cuenta del peligro que corre Estados Unidos en manos de una persona como Donald Trumpque obviamente no está en sus cabales, desquiciado por completo, amenazando con invadir y destruir a sus propios aliados en América Latina, Europa, Asia, África y Oceanía, que le costaron más de 200 primaveras alcanzar.
La esquizofrenia del poder la he gastado muchas veces a lo dilatado de la historia. En esta ocasión la observo en el presidente Donald Trump. Por alguna razón me hace memorar la historia del Imperio Romano.
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La historia de los emperadores romanos es una historia de aciertos y desaciertos, de terror y asesinato. Algunos locos de atar estuvieron al frente del poderoso imperiocomo Calígula, que intentó nombrar Cónsul del Imperio a su heroína, que le declaró la cruzada al mar enviando a los soldados a confrontar las olas. Despiadado fue otro Cesar perturbado, a quien se le atribuye el incendio de Roma que duró seis díaspero que le sirvió de excusa para perseguir y asesinar a los cristianos.
Un megalómano no puede estar al frente del imperio más poderoso del mundopues puede conducirlo al desastre, a la destrucción total. Me recuerda el Imperio Romano que, por más de 500 primaveras, antaño y a posteriori de Cristo, se extendió por casi todo el mundo, continuando seguidamente por el Imperio del Finalidad (Complicado) por más de dos mil primaveras.






