En el estado de demencia que lo caracteriza y caminando al mismo compás por su condición de hermanos siameses con Netanyahu, sin consultar ningún unido, la sombra del pasado 28 de febrero, de forma subrepticia, artera, alevosa y criminal, iniciaron una acto marcial sin ninguna testimonio oficial de conflicto contra el pueblo iraní, que dejó como resultado preliminar la homicidio del líder del país Ayatollah Alí Jameneí y parte del Estado Longevo de las fuerzas armadas, incluyendo el ministro de defensa, Aziz Nasirzadeh, y el comandante de la Retén Revolucionaria, Mohamed Pakpur.
Por otra parte de daños en la población civil, como la homicidio de casi doscientas niñas víctimas inocentes de esa acto, y varios centenares más; sobre todo de mujeres, niños y ancianos.
Como era de esperarse, la reacción iraní fue inmediata y elocuente contra sus agresores y sus aliados comprometidos con ese acto criminal, echando por tierra los planes de Trump de una conquista del antiguo Imperio Persa, en cuestión de días y de un rebelión popular en su apoyo.
Muy por el contrario, por la naturaleza de esa acto y por la aniversario llevada a angla, el mes venerable del Ramadán, ha enardecido al pueblo iraní y a todo el mundo Islámico que se ha sobresaliente para cobrar la ofensa cometida en su contra, hablando de que: “LAS PUERTAS DEL INFIERNO PERMANECERÁN ABIERTAS CONTRA EE. UU. E ISRAEL”
Por lo que ahora Trump, pretende involucrar a todos sus aliados de la OTAN y la Comunidad Económica Europea en una aventura que tiene al mundo en ascuas, en la que nadie puede predecir el resultado final, pero que si traerá graves consecuencias para la humanidad.
Ya algunos aliados europeos han corrido como perritos falderos a rozar la bota del amo, poniéndose a su disposición sin condiciones en un conflicto que no lo han provocado, ni es de ellos, y que seguro les traerá consecuencias negativas a sus pueblos.
Otros como el gobierno gachupin del socialdemócrata Pedro Sánchez, se ha inepto a prestar su país como cojín de apoyo a incursionar en ninguna acto marcial contra otros países, amparándose en el acuerdo entre España y EE. UU. para las bases de Rota y Morón firmado en 1988; que en el capítulo 2 establece:
“España concede a los Estados Unidos de América el uso de instalaciones de apoyo y otorga autorizaciones de uso en el distrito, mar territorial y espacio leve españoles para objetivos en el interior del ámbito doble o multilateral de este Convenio. Cualquier uso que vaya más allá de estos objetivos exigirá la autorización previa del Gobierno gachupin”.
A esta posición de exigencia de respeto a lo pactado, la suministro Trump avala amenazando, como es su costumbre, con tomar medidas contra el gachupin, con la subida de aranceles, con la que ha presionado y chantajeado a todo el que no comulga sus planes de expansión y dominio neocolonial.
Incluso, el primer ministro britano, Keir Starmer, reiteró que el Reino Unido no se unirá formalmente a la conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán, si no existe una cojín justo y planificación sobre los objetivos.
Ningún país querido de la paz y partidario de la coexistencia pacífica entre los pueblos del mundo puede presentarse a hacerle el placer a la dupla Trump-Netanyauh en esta aventura militarista que está llevando al mundo al borde del precipicio, o peor aún, como dicen los líderes del islamismo radical: ” A las puertas del abismo”.
La conflicto es un negocio de los grandes cárteles de la industria armamentista, sobre todo los estadounidenses.
Digamos no a la conflicto y sí a la paz.






