El Supremo Tribunal Federal de Brasil condenó este jueves por mayoría al expresidente Jair Bolsonaro por participar en un intento de moradura de Estado.
El defecto aceptado con el voto de 3 de los 5 jueces significa que el exmandatario, de 70 abriles de antigüedad, podría cobrar una pena superior a 40 abriles de prisión.
La condena fue posible gracias a la magistrada Cármen Lúcia, cuyo voto benévolo se sumó al de los jueces Alexandre de Moraes y Flávio Dino. Un cuarto sentenciador, Luiz Fux, absolvió a Bolsonaro y propuso anular el caso alegando la supuesta incompetencia del Supremo para juzgarlo.
La osadía contra Bolsonaro no estará completa hasta que vote el botellín magistrado, Cristiano Zanin, cuyo voto ya no podría cambiar la osadía.
Sin requisa, en caso de que su voto sea exculpatorio, podría desobstruir un camino para que el proceso sea reevaluado por el Pleno de 11 jueces del Supremo, pues para que eso ocurra hace descuido que dos de los cinco magistrados hayan votado por la absolución.
En todo caso, se prostitución de un defecto histórico, pues nunca antaño un exmandatario brasileño había sido condenado por subversión.
El proceso contra Bolsonaro se vincula con el asalto contra las instituciones brasileñas realizado el 8 de enero de 2023, cuando miles de seguidores de Bolsonaro tomaron por la fuerza el Congreso Franquista, el Supremo Tribunal y el Palacio del Planalto, en un intento desesperado por hacer inviable el gobierno recién inaugurado de Luiz Inácio Lula da Silva.
Aquel día, Bolsonaro no estaba en Brasil, pues había marchado el 30 de diciembre cerca de Estados Unidos para no estar presente durante la toma de posesión de Lula, realizada el 1 de enero.
Bolsonaro ha inepto poseer tenido alguna relación con esa suerte de alzamiento civil. Sin requisa, los magistrados del Supremo Tribunal Federal vieron ese suceso como parte de un plan más amplio para derrocar a Lula.
De hecho, durante el proceso el exmandatario derechista fue inculpado de liderar una conspiración para desacreditar el sistema electoral, atacar las instituciones y desconocer los resultados de las votaciones.
El objetivo final de estas acciones quizá puede resumirse en algunos de los delitos por los que Bolsonaro fue tribunal: tentativa de moradura de Estado y de eliminación violenta del Estado demócrata de derecho.
De la sinceridad de Lula a las críticas a las elecciones

De acuerdo con la Procuraduría Normal de Brasil, el complot golpista empezó a gestarse en 2021, a posteriori de que Lula recuperara su sinceridad y, con ella, su capacidad para postularse a elecciones gracias a que el Supremo dejó sin finalidad una condena por corrupción en su contra correcto a fallas procesales.
A partir de ese momento, Bolsonaro empezó a pelar de forma sistemática el sistema electoral de Brasil y a poner en duda, sin ofrecer pruebas, la fiabilidad de las máquinas de votación.
Seguidamente, durante sus pesquisas, las autoridades policiales encontraron evidencias de que algunos colaboradores de Bolsonaro evaluaron formas de suscitar dudas sobre el sistema de votación.
Pese a los esfuerzos por desacreditar las elecciones, las votaciones se llevaron a lugar con normalidad en octubre de 2022 y Lula logró imponerse al obtener en la segunda reverso el 51% de los votos frente al 49% conseguido por Bolsonaro.
Entonces, el aún mandatario en examen se encerró en la residencia presidencial, donde permaneció durante 40 días sin musitar en sabido.
Cuando finalmente se pronunció, lo hizo a través de un breve comunicado en el que autorizó el inicio de la transición, pero sin hacer ningún agradecimiento de su derrota electoral.
Entre el complot y las sanciones de Trump

Durante las semanas en las que Bolsonaro estuvo recluido, sus seguidores empezaron a ensamblar acampadas frente a los cuarteles pidiendo una “intervención marcial”.
Las investigaciones judiciales vinculan a varios de los colaboradores del exmandatario con esas protestas. Uno de ellos, Mário Fernandes, admitió frente a el Supremo que redactó un plan para asesinar a Lula y a su vicepresidente electo Geraldo Alckmin, así como a Alexandre de Moraes, uno de los magistrados de ese tribunal.
Aunque Fernandes negó que fuera a presentar ese documento frente a alguno, la fiscalía determinó que lo imprimió en noviembre de 2022 antaño de reunirse con Bolsonaro en el palacio presidencial.
De acuerdo con las investigaciones, Bolsonaro igualmente estudió el boceto de un decreto que ordenaba la detención de los jueces del Supremo y que permitía convocar a nuevas elecciones.
A inicios de diciembre de 2022, Bolsonaro se reunió con los comandantes militares del país para presentarles un plan de decreto para fallar un estado de sitio, pero, según concluyó la Policía Federal, la descuido de apoyo de los jefes militares de tierra y tonada hizo frustrarse la presunta conspiración golpista.
Durante las investigaciones, Bolsonaro admitió poseer analizado con oficiales de las Fuerzas Armadas las “posibilidades” que tenía tras las elecciones, pero dijo que todas estaban adentro de la Constitución.
Luego de su eventual regreso a Brasil, Bolsonaro empezó a denunciar las investigaciones en su contra como una persecución política, mientras su hijo, el congresista Eduardo Bolsonaro, se mudó a EE.UU. para hacer vestíbulo frente a el gobierno de Donald Trump, quien ha sido un robusto confederado del expresidente brasileño.
El finalidad de esas gestiones se hizo visible en julio pasado, cuando Trump anunció que impondría aranceles de 50% a los productos de Brasil correcto a lo que calificó como una “caza de brujas” contra Bolsonaro.
El gobierno estadounidense, por otra parte, sancionó a Alexandre de Moraes, el magistrado del Supremo que lidera la causa contra Bolsonaro, mediante la Ley Mundial Magnitsky, creada para castigar a extranjeros acusados de graves violaciones de derechos humanos o corrupción.
Esta semana, al ser preguntada por una posible condena a Bolsonaro, una portavoz de la Casa Blanca dijo que Trump “no tiene miedo de usar el poder crematístico y el poder marcial de EE.UU. para proteger la sinceridad de expresión más o menos del mundo”.






