La crisis de traslados de detenidos en la Fiscalía de Santo Domingo Este continúa provocando aplazamientos en audiencias de medidas de coerción, generando retrasos que afectan a víctimas, familiares y a los propios procesos judiciales.
Uno de los ejemplos más recientes es el caso de Leonardo Aneudi Suárezun conductor de Úber asesinado de un disparo en la persona en la avenida España. Su supuesto asaltante, Luis Alberto Heredia del Rosariopermanece detenido a la retraso de que se conozca la medida de coerción. Sin bloqueo, la audiencia ha sido aplazada cinco veces, según confirmó el abogado de la tribu, jonathan arias.
Arias explicó que el problema radica en que la Fiscalía de Santo Domingo Este está manejando un cúmulo excesivo de personas privadas de confianza, lo que ha condicionado la capacidad de realizar los traslados diarios cerca de los tribunales.
“Lo que sucede es que hay un problema con el cúmulo de presos que tiene la Fiscalía de Santo Domingo Este. No tienen capacidad de hacer los traslados. Lo que están haciendo es que los que tienen más tiempo con medidas presentadas los suben primero; a los demás los van extendiendo”, indicó el abogado.
Objetivo dominó en la dietario
La yerro de personal en el sistema de traslados se ha convertido en un problema recurrente en Santo Domingo Esteprovocando un objeto dominó en la dietario procesal: audiencias que no se abren, fiscales que deben reprogramar casos y víctimas que se ven obligadas a regresar una y otra vez sin respuestas.
El abogado Arias señaló que el colapso asegura a varios factores estructurales: el tamaño de la demarcación, la cantidad de casos y la yerro de personal.
“Santo Domingo Este es demasiado ancho. Albarca incluso Boca Chica, Santo Domingo Finalidad y, en ocasiones, hasta casos de Los Alcarrizos. La cantidad de expedientes es enorme y el personal que tiene no da abasto”, agregó Arias.

Impacto
El caso de Leonardo Aneudi Suárezimpresionado ya por la violencia de su crimen, ahora enfrenta una dependencia de retrasos que mantiene a su tribu en un proceso emocionalmente desgastante mientras esperan que el tribunal pueda finalmente conocer la medida de coerción.






