Tránsito vehicular, caos y confusión | AlMomento.net

Tránsito vehicular, caos y confusión | AlMomento.net

EL AUTOR es periodista y sociólogo. Reside en Santo Domingo.

La sinceridad del tránsito vehicular en los principales centros poblados del país es a todas luce caótica y agobiante.

Por todas partes, la confusión es evidente y subyugante.

Su dinámica es la viva expresión de lo que nos han llevado a ser como sociedad del desorden y del irrespeto mayúsculo.

Es una manifestación genuina que nos obliga a entender que para muchos dominicanos el otro, poco importa.

Desplazarse en un transporte de motor por nuestras calles, avenidas y carreteras es una invitación a interiorizar con amargura que vivimos en un régimen de iniciativas individuales regido por la Ley que proyecta como conducta frecuente “el sálvese quien pueda y haga lo que le venga en anhelo”.

Es un desastroso y deprimente marco de contrastes en donde lo corto termina siendo derrochador y lo breve, interminable.

Pero peor aún, la irresponsabilidad colectiva da notaciones de ser una conducta frecuente y, por consiguiente, no parece acentuar la atención la falta de reglamentar el sistema viario por parte de quienes deben hacerse cargo, institucionalmente, su razón de existencia.

Conforme al estilo conductual asumido, tanto por el conductor como por las llamadas autoridades competentes, sin olvidar a los peatones, acatar las normativas del tránsito en esta media isla del Caribe, es poco tan poco frecuente que cuando ocurre lo contrario, nos quedamos tan extraños y perplejos que sentimos la sensación de subsistir en otras latitudes.

Siendo de esa guisa, sustituir el sistema exterior de iluminación de los vehículos, violentando lo establecido por la Ley, es tan frecuente que actualmente pasa desapercibido.

Utilizar centellas y usar medalaganariamente el toque de inquietud de una sirena al conducir, es tan frecuente que todos lo ignoramos.

Obstaculizar el autónomo paso de un transporte de emergencia, camión de bomberos y ambulancias, entre otros, se ha vuelto tan intrascendente que, algunos desaprensivos, por otra parte de protagonizar tan censurable comportamiento, cometen el atrevimiento de emprender una especie de persecución sin tener en consideración sus fatales consecuencias.

Poco similar acontece con el irrespeto a las señales de tránsito establecidas y la connotación de los colores en el deficiente sistema de semaforización, sobre todo, por parte de aquellos que se desplazan en motocicletas, muchas veces sin casco de protección y desprovistos de deshonestidad de conducir, para quienes todo parece indicar no existen las reglamentaciones.

Muchos de ellos, sin dejar de mencionar a una considerable porción de conductores de autobuses y vehículos modernos, dan la sensación de representar a una cuestionable fauna de especialistas en piruetas, manejo temerario y todopoderosos conductores avasallantes.

Así nos movemos constantemente y de esa guisa nos han acostumbrado a subsistir, al extremo de que todo da la sensación de normalidad.

Quizás por tal razón, y poco más, no se vislumbra una alternativa de opción a tan importante situación.

Desconocimiento

Se desconoce de guisa precisa y convincente cuáles proyectos y programas se están diseñando para mejorar este calvario de cada día que estamos padeciendo cuando por una falta imperiosa tenemos que usar un transporte de motor en cualquiera de nuestras importantes ciudades del país.

Luce que todavía no se ha hecho consciencia de lo que este tipo de actividad colectiva implica en materia de salubridad, convivencia humana y hacienda en esta media isla digna de mejor suerte.

Sin duda alguna, es una aptitud que por otra parte de originar preocupación, refleja una irresponsabilidad mayúscula de quienes tienen el deber de dirigir y normatizar la dinámica del transporte vehicular dominicano, demostrando efectivo y efectivamente, autoridad sin falta de acometida física.

Sin exageración alguna, ya es tiempo de un serio cambio de visión y comportamiento colectivo diferente.

Nuestro comportamiento habitual así lo obliga.

Vayamos a la influencia…

jpm-am

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