El pasado 21 de octubre, se celebró un foro muy interesante de la Asociación Dominicana de la Industria Eléctrica (ADIE) sobre los retos u oportunidades de la transición energética en la República Dominicana (BCRD). A continuación, les comparto algunos de los nociones de nuestra billete en este evento.
Es fundamental convenir cual es el perímetro de tal “transición energética” ya que normalmente se limita al proceso de transformación de la matriz de vivientes eléctrica, cuando, más admisiblemente debería constar de mucho más que el solo subsector eléctrico, y que, de forma holística, debería de cubrir todas las áreas que tienen que ver con producción, transporte y transformación de todas las energías, tal como lo vienen haciendo la Comisión Franquista de Energía (CNE) ( https://cne.gob.do/documentos/tecnicos/pen/ ) cuando publica periódicamente sus Planes Energéticos Nacionales (PEN), y la Ordenamiento Latinoamericana de Energía (OLADE) cuando actualiza los Balances Energéticos (BEN) de cada país ( https://sielac.olade.org/default.aspx ).
Del mismo modo, hay que preferir cuál es el horizonte de tiempo y la visión de crecimiento financiero para el país; parece atinado enlazar tres referencias obligadas: i) la Táctica Franquista de Avance (END) que, a pesar de su desactualización estadística, sigue describiendo muy admisiblemente los grandes ejes programáticos de la memorándum desarrollista; ii) la visión presidencial de duplicar el tamaño de la peculio efectivo ( MetaRD 2036 ); y, finalmente iii) el Plan Energético Franquista 2022-2037 que precisamente está a punto de ser actualizado en tilde con aquellos ambiciosos objetivos de Meta RD 2036. Esta mano de obra es indispensable, ya que, el crecimiento financiero no se produce sin crecimiento de la proposición energética porque, desde los primeros momentos de la humanidad, la energía es el motor principal de la peculio.
En el caso de República Dominicana ¿Qué nos dice la historia flamante en cuanto a esta interrelación entre proposición energética y crecimiento financiero?
De acuerdo con los datos del BCRD, entre 2013 y 2023, la peculio dominicana acumuló un crecimiento estupendo de +61,20% (de forma efectivo), al suceder su índice de barriguita del Producto Interno Bruto (PIB) anual de 73.4598 (2013) a 118.4176 (2023), equivalente a un ritmo promedio de crecimiento interanual de +4,89% . Es interesante señalar que, en esta época postcrisis de las hipotecas de detención peligro, se logró duplicar el PIB efectivo al iniciar el período de remisión en torno a la centro del año 2010 para cerrarlo en 2024, o sea un período de 14,5 primaveras.
Del mismo modo, al evaluar el PIB nominativo en US$, su valencia pasó de U$62.608,1 millones (2013) a US$120.759,6 millones (2023), observándose entonces un crecimiento nominativo acumulado de +92,9% (de forma nominativo), equivalente a un ritmo de crecimiento interanual de +6,79%. En este caso, para conquistar duplicar el PIB nominativo en US$, habría de iniciar el período en el año 2012 para cerrarlo en 2023, o sea un período de 11 primaveras.
Durante este mismo período de 2013 a 2023, las matrices energéticas publicadas por la CNE y OLADE indican que el consumo final de energía, medido anualmente en barriles de petróleo equivalente (bep), pasó de 41.29 millones (2013) a 56.04 millones (2023), o sea un crecimiento acumulado de un +35,7%, lo que equivale a asegurar que este consumo final de energía creció tan pronto como a un 58% del ritmo de crecimiento de la peculio (+61.2%), lo que es buena prueba de que crece más rápidamente la peculio que el consumo energético. Al mismo tiempo, para poder satisfacer este consumo final, se observa un veterano crecimiento de la proposición total de energía apto ( +58,2% vs. +35,7% en el caso del consumo final) la cual pasó de 56,32 millones de bep (2013) a 89,10 millones de bep (2023), muy vinculado con el crecimiento efectivo de la peculio (+61,2%); este posterior resultado confirma un crecimiento importante de la billete de las energías renovables en el mix energético, las cuales, sin bloqueo tienen un rendimiento menos elevado que los combustibles tradicionales.
Adentro de esta proposición total de energía, destaca el hecho de que las energías renovables han comenzado a notarse de forma muy significativa: pasan de 7,51 millones de bep (2013) a 16,28 millones de bep (2023), equivalente a un enorme crecimiento de +116,8% en 10 primaveras, con lo que la billete de las ER se disparó desde un 13,3% del total (2013) a un 18,3% del totales (2023); es muy ilustrativo ver igualmente que, de este crecimiento inmutable de 8.77 millones de bep entre 2013 y 2023, la energía solar aportó el 81.6%, al suceder su barriguita de vivientes de 0 (2013) a 7.16 millones de bep (2023), misma tendencia que se habrá intensificado en 2024 y 2025 de acuerdo a los datos del Servicio de Energía y Minas (MEM) que muestran que la vivientes fotovoltaica ha crecido otro 54,6% hasta julio de 2025.
Finalmente, en cuanto al consumo final a nivel sectorial, el sector transporte sigue siendo el principal consumidor de energía, y al suceder su consumo de 14,18 millones de bep (2013) a 20,30 millones de bep (2023) o sea un crecimiento de +43,2% su billete en el consumo total de energía pasó de un 34,3% (2013) a un 36,2% (2023). Esto además nos indica que se necesita incluir de forma más decidida el tema transporte en el interior del embestida holístico de la transición energética. Lo que se ha acabado en el sector electricidad (por lo menos en el subsector vivientes), NO se ha podido conquistar todavía en el sector transporte.
Ahora admisiblemente, en un aspecto meramente financiero del estudio financiero de este proceso de transición energética, hay que señalar unos retos muy importantes en tres dimensiones: la fiscalidad, tanto del punto de panorámica de los ingresos como de los gastos del Estado; la activa billete estatal en el sector energético; y, no menos importante, los costos financieros de tantas nuevas inversiones requeridas.
En cuanto a fiscalidad se refiere, ninguna transición energética podrá considerarse exitosa si no integra una disminución drástica de las actuales y costosas transferencias del gobierno central a las empresas estatales de distribución (EDES) que en la contemporaneidad superan los RD$100 mil millones al año, representando en 2024 en torno al 40% del adeudamiento fiscal del gobierno central; en este sentido, disminuir en un 80% este compromiso injustificable, en un plazo último a 10 primaveras, podría liberar enormes posibles.
Del costado tributario, es importante recapacitar que las recaudaciones de los 4 impuestos que gravan actualmente los combustibles son un importante sostén a las recaudaciones del Estado, proyectándose RD$103,777 millones para el presupuesto 2026, equivalente a un 1.2% del PIB; Proyecciones realistas de conversión del parque automotriz a electricidad permitirán cuantificar las pérdidas de ingresos que habrán de compensar a través de nuevas fuentes de ingresos, o de reducción de otros gastos.
Finalmente, se entiende que las altas tasas de interés serán el principal obstáculo a la intensificación del proceso de transición energética en República Dominicana, ya que las tasas reales de interés (11.40% en 2024 y 11.11% por lo que va de 2025) se encuentran muy por encima de las tasas reales prevalecientes antaño del COVID (8.36% en 2018 y 9.03% en 2019). Las venideras reformas que habrán de debatirse durante el 1º semestre 2025 tendrán que despabilarse la forma de disminuir significativamente el costo del parné, que sigue siendo el insumo más costoso para emprender negocios en la República Dominicana.





