
Jaime Aristy Escuder, economista I Fondo: Yohan Castillo
El tiempo positivo de una persona es finito; por eso, constituye la principal restricción del proceso de optimización intertemporal del bienestar humano. Todas las decisiones se adoptan en una ventana temporal fija, como las 24 horas que conforman un día. En ese horizonte, cada individuo racional elige distribuir de forma óptima su tiempo entre trabajo –incluido el estudio– y inactivocon el objetivo de alcanzar la decano satisfacción posible.
El trabajo implica un esfuerzo físico y mental que genera un costo de oportunidad: cada hora trabajada implica renunciar a una hora de inactivo. De ahí que el trabajo requiera ser compensado con una remuneración, gracias a la cual se pueden mercar fondos y servicios y, con ello, se logra un aumento del bienestar material. De esto se desprende que la persona trabaja no porque le agrada, sino porque necesita posibles para consumir.
El trabajo se combina con el haber -edificios, maquinarias y equipos- para producir fondos y servicios. Los ingresos obtenidos por la liquidación de esos productos en el mercado se utilizan para cubrir el costo de la materia prima, remunerar los salarios de los empleados y retribuir el haber invertido. En universal, una decano productividad se traduce en salarios más altos; del mismo modo, un uso más valioso del haber incrementa la rentabilidad de la empresa.
La existencia de un Estado sencillo demandas posibles. Para financiarlos, se establecen contribuciones obligatorias que inciden sobre las decisiones actuales y futuras de los agentes económicos.
El impuesto sobre los ingresos de las personas físicas o jurídicas se plinto en la capacidad económica de los contribuyentes. En ciertos casos, la tasa impositiva aumenta con el nivel de ingreso, como sucede en la República Dominicana con el impuesto sobre la renta de personas físicas, que oscila entre el 15% y el 25%. En otros, la tasa es constante, como el 27% que guijarros la utilidad neta de las empresas.
El impuesto sobre la renta distorsiona las decisiones intertemporales de trabajoinversión y producción. Ese tipo de impuestos lleva a los agentes económicos a modificar su comportamiento para minimizar la carga fiscal, aun cuando la valor sea subóptima porque reduce la productividad y la capacidad de crecimiento coetáneo y futura. Un impuesto sobre la renta con una suscripción tasa insignificante efectiva aumenta el costo de oportunidad de trabajar y, en consecuencia, reduce la cantidad de horas trabajadas e impacta negativamente sobre la producción y reproducción de ingresos. Por otra parte, dicho tributo, al cargar los intereses, dividendos y ganancias de haber, desincentiva el economía, encarece el costo del haber, limita la inversión, frena la innovación y recorta la tasa de crecimiento de generoso plazo. El resultado de todo ello es un pequeño nivel de ingreso positivo.
El impuesto al consumo es menos distorsionador, en distinto si todos los fondos son gravados con una tasa uniforme. A diferencia de un tributo que recae sobre el rendimiento del economía y que altera la valor entre consumir hoy o mañana, el impuesto al consumo no tiene enseres en esa valor a lo generoso del tiempo. Con una tasa de un 18% de un impuesto al valía anejo (como el Impuesto a las Transferencias de Fortuna Industrializados y Servicios), un producto cuyo precio ayer de impuestos es de 100 pesos costará 118 pesos tanto hoy como mañana. El precio relativo del producto permanece invariable y la tasa insignificante de sustitución queda sin cambios.
Es interesante destacar que, con un impuesto al consumoel contribuyente puede disminuir su carga impositiva recortando el pago en adquisición de fondos, valor que le permite aumentar el economía y la inversión en el presente, así como la capacidad de producción en el futuro. Eludir el impuesto sobre la rentaen cambio, exigiría disminuir el trabajocon enseres negativos persistentes sobre la producción.
Desde el punto de presencia de la eficiencia, resulta preferible financiar el pago sabido mediante impuestos al consumo ayer que cargar las rentas. Ahora adecuadamente, hay que tener en cuenta encima el disección de la distribución de las cargas impositivas y su sorpresa sobre la desigualdad de ingresos a posteriori de los impuestos.
Los tributos al consumo de almohadilla amplia son regresivos, porque los hogares pobres destinan una decano proporción de sus ingresos al pago derivado del consumo. Ello implica que el peso del impuesto como porcentaje del ingreso es decano para esas familias que para los contribuyentes de mayores ingresos, lo que acentúa la desigualdad e inequidad distributiva.
Para que una reforma orientada en dirección a la tributación del consumo sea socialmente aceptada, debe incorporar mecanismos compensatorios que preserven el ingreso positivo de los hogares más vulnerables. Esto se lograría mediante una transferencia monetaria directa que neutralice el sorpresa recesivo; es sostener, se proxenetismo de devolver un monto equivalente a la suma adicional que se tendrá que retribuir por concepto de impuesto al consumo que sustituirá al impuesto sobre la renta.
Una política tributaria óptima debe minimizar las distorsiones, promover la productividad y sostener el crecimiento, sin deteriorar el bienestar de los sectores de menores ingresos. De forma complementaria, el pago sabido ha de proteger el haber humano de ese segmento de la población para que pueda insertarse con facilidad al mercado sindical y obtener ingresos más altos.
En última instancia, todo sistema tributario revela qué tipo de sociedad se aspira a construir. Se puede optar por un esquema que pesado el esfuerzo, la productividad y la acumulación de haber humano, o por otro que recaiga sobre el consumo -la satisfacción inmediata- sin distorsionar las decisiones que generan crecimiento y prosperidad. La evidencia económica sugiere que los impuestos al consumoacompañados de transferencias adecuadamente diseñadas para proteger a los más vulnerables, permiten percibir con eficiencia, promover la inversión y sostener una senda de expansión del bienestar. En una democracia, la sufragio está en manos de los ciudadanos. ¿Se desea un sistema que penalice el trabajo o uno que recaiga sobre el consumo? La respuesta es esencia para la trayectoria económica de la República Dominicana.
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