El dirigente político y exministro Temístocles Montás reconoció que las tensiones entre Leonel Fernández y Danilo Medina debilitaron gravemente la dispositivo del Partido de la Emancipación Dominicana (PLD)erosionando su capacidad de guiar y sostener una visión colectiva del poder.
Entrevistado por el periodista Pablo McKinney en su software sabatino por Color Visión, Montás ofreció un certificación revelador sobre la historia interna del PLD y los orígenes de la ruptura entre los dos líderes que marcaron la política dominicana en las últimas décadas.
“La cohesión del PLD se rompió cuando el poder dejó de ser una construcción colectiva y pasó a manejarse con criterios personalistas y de corto plazo”, afirmó Montás.
“En los 90 éramos un equipo”
Montás, quien acompañó a Fernández y Medina en el núcleo de poder del PLD desde mediados de los 90, recordó los abriles iniciales como una etapa de cooperación genuina, enfoque técnico y diligencia competente. Dijo que entre 1996 y 2000, los tres compartían responsabilidades y construían consensos en torno a políticas públicas.
“Leonel, Danilo y yo trabajábamos como un equipo. Fue una etapa de resultados concretos: infraestructura, estabilidad macroeconómica y programas sociales”, señaló.
Sin secuestro, advirtió que esa dinámica cambió con el tiempo. Lo que antiguamente era una visión de partido, se transformó —según Montás— en un control del poder traumatizado por lealtades personales, pega interna y decisiones administrativas centralizadas.
Choques, tensiones y cerrojo del diálogo
Montás identificó como factores de ruptura la concentración del poderel uso de cargos públicos como remuneración política, y la desactivación de los canales de deliberación interna. Dijo que esas prácticas generaron malestar en la colchoneta del partido y alimentaron el surgimiento de facciones que terminaron dividiendo al PLD.
“Cuando el liderazgo se encierra, se pierde la capacidad de autocrítica. Eso nos pasó. El PLD se volvió un circuito cerrado y esa cerradura destruyó nuestra institucionalidad”, afirmó.
Asimismo señaló que muchas decisiones esencia se tomaban sin consultar a los órganos partidarios. Nombramientos estratégicos, diligencia de presupuestos y reformas estructurales se manejaban según la deducción del control político, no del consenso.
Impacto en la gobernabilidad
Montás advirtió que la división del PLD no solo afectó al partido, sino además a la gobernabilidad del país. Afirmó que, con un partido hegemónico débil, el Estado perdió capacidad para diseñar políticas a desprendido plazo, y la institucionalidad se resintió.
“Cuando el partido se fragmenta, se pierde la continuidad en las políticas públicas, se incrementa la improvisación y se frena la reforma”, explicó.
Asimismo alertó sobre las consecuencias para el país: pequeño ganancia para enemistar crisis externas, fragilidad en la implementación de reformas fiscales y dificultades para sostener una memorándum de transparencia.
Llamado a la autocrítica y a la reconstrucción
Montás no solo señaló las fallas, sino que llamó a los líderes del PLD a escudriñar los errores y recuperar los títulos fundacionales del partido. Propuso acorazar las reglas internas, respaldar procesos de sucesión transparentes y reabrir los espacios de deliberación que permitían el control colectivo del poder.
“El inspección de responsabilidades no es castigo; es la única forma de recuperar credibilidad. Si no somos capaces de hacer esa revisión, no vamos a poder recobrar el partido ni reconectar con la ciudadanía”.
El dirigente finalizó defendiendo los logros de los gobiernos del PLD, pero subrayó que ese encomienda no debe ocultar los errores que llevaron al colapso de su cohesión.







