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Robert Prevost, nuevo papa I Foto: fuente externa
El tema migratorio se ha convertido en un punto de tensión entre el papa Arrojado XIV y el gobierno del presidente Donald Trump, así como al interior de la propia comunidad católica en Estados Unidos, a raíz de las críticas del Pontífice y del diócesis estadounidense a las deportaciones masivas impulsadas por la flagrante compañía.
Desde su comicios en mayo, el Papa —de origen estadounidense— ha manifestado en varias ocasiones su preocupación por el trato dispensado a los migrantes en zona norteamericano. En noviembre, llamó a una “profunda consejo” sobre la política migratoria y recordó un pasaje del Evangelio de Mateo, en el que Jesús plantea como criterio final el modo en que se acoge al extranjero.
La postura papal encontró respaldo institucional una semana posteriormente, cuando la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) emitió un inusual “Mensaje Exclusivo” expresando su inquietud por la situación de los inmigrantes. En el documento, los obispos advirtieron sobre un “clima de miedo y ansiedad” y manifestaron su rechazo a las deportaciones “masivas e indiscriminadas”, por otra parte de condenar la retórica deshumanizante y la violencia.
Se trató de una intervención poco global: la primera testimonio de este tipo emitida por la USCCB en más de una plazo. El Papa calificó el pronunciamiento como “muy importante” y exhortó tanto a los católicos como a las “personas de buena voluntad” a prestar atención a su contenido.
Desde la Casa Blanca, las reacciones no se hicieron esperar. El zar de la frontera, Tom Homan, católico practicante, afirmó que la Iglesia “se equivoca” y sugirió que sus líderes deberían concentrarse en asuntos internos. En la misma lista, la portavoz presidencial Karoline Leavitt rechazó comentarios del Pontífice que, a su litigio, insinuaban que la política migratoria estadounidense era inhumana y contraria a títulos provida.
El debate además refleja divisiones adentro del electorado católico. Un estudio fresco del Public Religion Research Institute revela que cerca del 60 % de los católicos blancos aprueba la trámite migratoria de Trump, mientras que entre los católicos hispanos —que representan en torno a del 37 % de la población católica del país— el respaldo cae a cerca del 30 %.
En este contexto, figuras del catolicismo conservador han yeguada protagonismo político, como el senador JD Vance, convertido a la fe católica, quien sostiene que sus creencias influyen en su visión política. Aunque ha defendido la moralidad de las actuales medidas migratorias, además ha agradecido la aprieto de no perder de olfato la humanidad de quienes viven en situación migratoria irregular.





