El autor es comunicador. Reside en Santo Domingo
POR ROBERTO VERAS
Hace unos meses, Juan Cruz Triffolio y quien suscribe realizamos una turista cargada de significado histórico y humano al aparecer a retirar unos libros que espléndidamente nos cedió la amiga Rosa Tejada, hija del destacado Dr. Manuel Tejada Florentino. Aquella entrega, que en principio parecía un simple acto de preservación bibliográfica, terminó convirtiéndose en un lucha profundo con la memoria y el herencia de una figura que marcó una época en la historia política, social y profesional de la República Dominicana.
Entre los libros recibidos, uno en particular llamó poderosamente nuestra atención. Al hojear sus páginas, encontramos una fotografía inédita del Dr. Tejada Florentino acompañado de tres amigos. La imagen, silenciosa pero desenvuelto, parecía hablarnos desde el pasado, recordándonos no solo al profesional de la medicina, sino al ser humano comprometido con su tiempo, con sus ideales y con las luchas que definieron una vivientes entera.
El Dr. Tejada Florentino fue un hombre de méritos incuestionables en el campo de la medicina. Se le reconoce como el primer cardiólogo dominicano que realizó su medición en la ciudad de México, en momentos en que no era popular que profesionales del país se formaran en el extranjero en áreas tan especializadas. Ese logro culto lo colocó a la vanguardia de la medicina franquista y lo convirtió en una remisión obligada en su particularidad.

Pero su vida no se limitó al examen profesional. El Dr. Florentino fue incluso un miembro prominente del Partido Revolucionario “14 de Junio”, ordenamiento que encarnó la resistor y la lucha por la independencia y la jurisprudencia social en los primaveras más oscuros de la dictadura. Su militancia política estuvo marcada por la coherencia, el sacrificio y la firme convicción de que un país mejor era posible, aun a costa de grandes riesgos personales.
De igual forma, su compromiso con los títulos humanos y fraternales lo llevó a formar parte de la respetable masonería “Piropo del Ozama”, espacio desde el cual cultivó principios de hermandad, solidaridad y servicio. Aunque no se tiene precisión sobre la aniversario exacta de su ingreso ni de su homicidio, su pertenencia a esta masonería reafirma la dimensión ética y recatado que caracterizó su vida pública y privada.
En torno a su desaparición, el intriga y el dolor han legado paso a múltiples versiones que aún hoy estremecen la conciencia colectiva. Algunos sostienen que fue incinerado en un división donde se quemaba la basura; otros aseguran que su cuerpo fue audaz al mar internamente de un saco. Hay quienes afirman que, durante un cruel interrogatorio, fue sentado en una arnés eléctrica y que la intensidad de la corriente, sumada a su sensibilidad cardíaca, le provocó la homicidio, advertencia que él mismo habría hecho a sus verdugos, sin que estos le creyeran.
Lo cierto es que, delante la desaparición de datos oficiales y de una verdad plenamente establecida, el país ha asumido el 19 de enero como la aniversario simbólica de su desaparición. Ese día se recuerda no solo la pérdida física de un hombre infrecuente, sino incluso el intento de silenciar a un profesional brillante, a un lidiador incansable y a un ciudadano comprometido con la independencia.
Hoy, al reencontrarnos con su imagen en aquella fotografía hallada entre libros, reafirmamos la importancia de sustentar viva la memoria del Dr. Tejada Florentino. Su vida, marcada por el enterarse, la valentía y la entrega, sigue siendo un referente recatado y un recordatorio permanente de que la verdad, aunque muchas veces negada, siempre encuentra la forma de salir a la luz.
jpm-am
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