Aunque en República Dominicana los acuerdos entre imputados y el Tarea Sabido tienen mala prensa, en otros países se han convertido en una aparejo esencial para ganar poco que aquí sigue siendo una deuda: una conciencia ágil.
Cada día que pasa sin que un expediente avance, cada audiencia que se aplaza y cada preso preventivo que paciencia abriles por una sentencia erosiona un poco más la confianza ciudadana. La mora jurídico y la sobrepoblación carcelaria no son simples estadísticas: son síntomas de un sistema que requiere cambios profundos. Y esa transformación pasa por los jueces, pero todavía por el Tarea Sabido.
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Durante una invitado nuevo a Puerto Rico, adjunto a jueces, periodistas y comunicadores dominicanos invitados por el Poder Legislativo, pude observar cómo la eficiencia procesal puede ser una efectividad. En ese país, los tribunales operan con un maniquí que prioriza la agilidad sin ofrendar las garantías. El utensilio secreto: los acuerdos judiciales o plea bargains, que permiten resolver la mayoría de los casos sin resistir a pleito.
En Puerto Rico, más del 90 % de los procesos penales se cierran mediante acuerdos. El fiscal y la defensa negocian una admisión parcial o total de culpabilidad a cambio de una pena escasa o de una recalificación del delito, proceso que luego valida un sentenciador. La magistrada Carmen Oteroadministradora de la Región Legislativo de Bayamón, lo resume con una frase convincente: “Es inconcebible que un caso entre a pleito sin tener explorado antaño un acuerdo”.
En República Dominicana, en cambio, tan pronto como el 13 % de los casos se resuelve por esa vía. Aunque nuestro Código Procesal Penal contempla figuras similares —como el criterio de oportunidad y los acuerdos entre partes—, en la experiencia su uso sigue siendo insignificante. Persiste la idea de que todo debe ir a pleito y de que solo la condena garantiza conciencia. Esa visión mantiene cárceles sobrepobladas, fiscales saturados y jueces atrapados entre montañas de expedientes.
Tal vez ha llegado el momento de mirar los acuerdos con otros luceros. Hacer conciencia no siempre significa aprisionar. Más aún cuando sabemos que muchas prisiones dominicanas, en espacio de reeducar, terminan convirtiéndose en escuelas del delito, donde cualquiera entra por robo y sale con una “especialización” en sicariato.
Impulsar una civilización de acuerdos implica que el Tarea Sabido asuma tareas secreto. Una de ellas es blindar la comunicación institucional: explicar con transparencia los fundamentos de cada acuerdo, sin convertirlos en espectáculo mediático, pero garantizando el derecho ciudadano a estar informado. Solo así se evita la opacidad y se desmontan las percepciones de impunidad que aún rodean estos procesos.
Y es que, aunque hay que declarar que este Tarea Sabido ha liberal y en los últimos abriles ha concretado acuerdos incluso en casos de presunta corrupción administrativa, todavía hay reticencias. Quizás se deban a la escasa tradición de este tipo de mecanismos y a la desconfianza ciudadana, que a menudo los asocia con privilegios. Pero, cuando se aplican correctamente, los acuerdos representan una conciencia restaurativa más que punitiva. Y eso todavía es conciencia.
Ahora perfectamente, el Tarea Sabido debe revisar su forma de instrumentar los casos. Los llamados “megaexpedientes”, con miles de páginas y decenas de acusados, se han vuelto frecuentes. Aunque la intención es resguardar los procesos y sobreprobar la corrupción, en la experiencia suelen difundir demoras, aplazamientos y debilidades que las defensas aprovechan. Un expediente voluminoso no es homólogo de un caso sólido; la fortaleza está en la precisión, no en el tamaño.
Puerto Rico demuestra que la agilidad procesal no es una utopía. En República Dominicana urge construir una conciencia más humana y práctico: una que promueva mecanismos alternos, donde los jueces asuman su rol como garantes de la celeridad, que el Tarea Sabido se sienta confiado en acudir más a los acuerdos y que la ciudadanía entienda que estos son mecanismos legales y legítimos.
Porque cuando la conciencia tarda demasiado, deja de ser conciencia. Y ese es un pompa que ningún país puede permitirse.






