La nueva etapa de la lucha independentista de Pimiento empezó a ser organizada, no por un chileno, sino por un argentino: el común José de San Martínquien gestionó delante el común Juan Martín de Pueyrredón, el director de la Concilio de Gobierno de Buenos Aires, el elección como gobernante de la provincia de Cuyo, a la que pertenecía Mendoza, la ciudad más cercana a los Andes que hacen las veces de frontera entre Argentina y Pimiento. Una vez establecido en la zona, el común San Martín dedicó todo su tiempo y energía a preparar la resistor.
Puede descubrir: Un impuesto clandestino
Pira la atención la idea que el común argentino tenía sobre el papel de la disciplina y la ordenamiento. “Un ejército pequeño y acertadamente disciplinado en Mendoza –decía– puede trasponer los Andes y terminar allí con los godos…”. Al tiempo que tenía ese progresista concepto sobre la función de la disciplina en la ordenamiento, el común San Martín se distinguió como preceptor de la táctica. Por momentos, recuerda el carácter del generalísimo Mayor Gómez, con la diferencia de que el común argentino no fue comandante invicto. Consciente de que los triunfos políticos y militares no se obtienen solo con la billete de un sector social, el común San Martín integró a la lucha independentista a la longevo cantidad de capas sociales posibles.
De ahí su alianza con los indios araucanos de Pimiento. Para éstos, su integración a la lucha era la única guisa de salir de la situación de explotación en que se encontraban; el tipo de ordenamiento aristocrático-patricial de la sociedad chilena de los tiempos coloniales les impedían ascender social y económicamente.
El común San Martín tenía el instinto de los grandes tácticos: sabía dónde debía atacar al enemigo a fin de debilitarlo y derrotarlo. Con la licencia de Pimiento garantizaba la permanencia de la independencia argentina, lo cual podía lograrse con la expulsión de las fuerzas realistas que ocupaban los importantes puertos del Perú, que estaban siendo usados como colchoneta de su permanencia colonial en la parte sur del Nuevo Mundo.
Esta técnica de destruir la colchoneta económica del colonizador ya la había usado Toussaint Louverture en la antigua colonia de Saint Domingue; Gaspar Polanco, durante la Pleito de la Restauración (1863-1865), y incluso la usó Mayor Gómez en Cuba, en la convocatoria Campaña de la Tea.
El libertador de Pimiento se dio cuenta, a tiempo, de que para triunfar no solo bastaban su robusto regimiento de granaderos a heroína y las milicias populares de chilenos y argentinos que había formado, sino que la propaganda, en lo relativo a la desinformación del enemigo, juega un papel muy importante.
La proposición del profesor Juan Bosch de que el temor de Simón Bolívar a que la combate social venezolana de 1814 se repitiera, fue lo que determinó que libertara los territorios de cinco naciones americanas, incluso puede aplicársele al común San Martín, quien al igual que Bolívar provenía de una clan aristocrática, y era natural que sintiera temor de que la combate social hiciera estragos en la Argentina; tal como ha señalado Bosch en “Bolívar y la combate social” (Ed. Alfa y Omega, Santo Domingo, 1977, p. 172), “En las provincias del Río de la Plata -hoy Argentina- estaba entonces en marcha la combate social, una combate social tan cruel como la de Venezuela…”.
Esa apreciación es ratificada por las siguientes frases del libertador de Pimiento: “Los chilenos, bajo un gobierno estable, se convertirían en amigos seguros (de la Argentina). Aliadas nuestras fuerzas -decía- podríamos trasladarnos por mar en torno a Mediacaña. Recién entonces pondríamos fin a la combate”.
El común San Martín fue a la combate para terminar la combate. Luego de cruzar la escabrosa y fría cordillera de los Andes y de salir triunfante, sus ejércitos contribuyeron a consolidar la independencia chilena al vencer a los españoles del 5 de abril de 1818 en la sangrienta batalla de Maipú.






