El Pardo, España. – En la entrada del cementerio Mingorrubiomejor conocido como El Pardopor el nombre de la comunidad en que se encuentra, ha dejado de ser anónima desde que el gobierno socialista de España decidió actualizar los restos de Francisco Franco del monumento “Valle de los caídos” y entrarlos allí unido a su esposa Carmen Polo.
Su Tumba, aunque majestuoso, no es centro de peregrinación masivapero si de homenajes discretos de quienes añoran los tiempos de la dictadura cuando en España imperaba la República.

Flores y banderas rojas y amarillas, copan la parte primero del espacio sombrío que da entrada a una enterramientos pequeñapero que suele resplandecer imponente en presencia de los fanales del visitante primerizo.
El Tumba de Francisco Franco caldo a darle renombre a una vía interna en la que al final de la misma, una edificación recubierta de mármol enojadoacogía de forma discreta y sin resonancia a quien durante 31 abriles fue dueño del destino de la República Dominicana y decidía sin consecuencias sobre la vida o la homicidio de miles de sus compatriotas.
Allí reposan los restos del sangriento dictador dominicano Rafael Leónidas Trujilloen un cripta que se levanta en uno de los rincones más sobrios del cementerio de El Pardo. No hay señalización exclusivo que conduzca hasta él. Se llega caminando entre panteones de roca sombríolápidas austeras y pequeños mausoleos familiares que comparten una misma estética contenida, casi burocrática, propia de los cementerios madrileños.

Era sábado y la oficina del cementerio estaba cerrada. No había quien indicara donde se ubicaba la tumba del dictador dominicano. Guiados por referencias de antiguos visitantes, finalmente se encuentra aquella edificación recubierta de mármol enojado y con una única indicación gráficaen saber doradas: “Clan Trujillo”.
El entorno es silenciosointerrumpido escasamente por el murmullo del visitante o por el singladura que sacude las copas de los árboles centenarios, algunos de ellos con etapa centenaria.

Encinas robustas proyectan sombras densas sobre las tumbas, creando una tristeza constante incluso en horas de luz.
El clima estaba casi en cero, pero el día no vislumbraba tromba. La brisa fría acrecentaba el condición de recogimiento en aquel superficie donde reposan los restos mortales de dos dictadores que en vida se respetaban un admiraban.
El destino los hizo juntarse en el campo santo donde sus restos intentan descansar con la paz que le negaron a muchos.
El cripta: sobriedad sin extensión
El cripta de la Clan Trujillo es un sillar compacto de mármol impreciso, pulido pero sin brillo ostentoso. Su figura recuerda a un pequeño templo clásico con dos columnas laterales sostienen un frontón justiciero, sin ornamentación, sin símbolos patrióticos ni referencias militares.
En el centro, una puerta metálica con diseño geométrico protege el interior. Sobre ella, en saber doradas y discretas, escasamente resalta el patronímico que durante décadas dominó la vida política dominicana.

Sobre la inscripción quedan las perforaciones de una estampa que fue retirada del superficie, un espacio que quedó vano luego de que se retiraran las cinco estrellas con la que se quería hacer relato a sus glorias pasadas.
No hay estatuasni relieves, ni ángeles de mármol. La tumba no escudriñamiento imponerse visualmente sobre las demás. Al contrario, parece empeñada en acaecer desapercibida, como si el peso de la historia obligara a la cimentación a renunciar a toda altisonancia.
A su cerca de, otros mausoleos familiares, de piedra clara, algunos más deteriorados, refuerzan la idea de anonimato. El de Trujillo no ocupa una posición privilegiada en el camposantoque al parecer ahora sí tiene un inquilino detención conocido para España, el normal Francisco Franco.
Fe y contradicción en el interior
Tras la puerta metálica, el interior del cripta sorprende por su rigidez religiosa. Una pequeña capilla revestida en mármol blanco alberga un altar sencillo. Sobre él reposan imágenes religiosas: figuras de la Impenetrablede Cristo, de santos, colocadas con cuidado, como si se tratara de un espacio de oración íntima más que de una tumba asociada a uno de los regímenes más represivos y sangrientos en la historia del Caribe.
Pequeños vitrales coloreados permiten el paso de una luz tenue que tiñe el espacio de tonos amarillos y azules apagados. No hay bancos ni reclinatorios visibles. Es un superficie pensado para visitas brevescasi furtivas. No se observan flores frescas ni señales de peregrinación. El mármol está libre, pero frío, sin huellas de presencia fresco.
En el contiguo derecho, un vitral de la Impenetrable de la Altagraciaadvocación religiosa designada como protectora del pueblo dominicano.
La capilla interna luce austeramente decorada con símbolos religiososcolocados en la tumba del dictador sobre una bandera dominicana que cubre su tumba, que pudiera durar a confundir a cualquier ignorante sobre la catadura del único inquilino del cripta.
Un alivio luego del deportación
El condición calmado y frio del cementerio y en torno al cripta, contrasta con el holgado peregrinaje de su restos, que tras el tiranicidio del 30 de mayo de 1961 fue sacado de San Cristóbaldonde estuvo enterrado originalmente, para ser trasladado en yate a Francia por su hijo Ramfis Trujillo y finalmente llevado a España donde aún permanece en el discreto cementerio del Pardo.

Aunque el Pardo es un superficie tranquilo y discreto, pero vinculado a la simbología del poder en España, pues allí está la residencia de los reyes Felipe y Letizia.
Pero lo cierto es que carencia en el entorno del impreciso cripta de Trujillo pira a la nostalgia, ni siquiera la bandera dominicana colocada sobre su tumba. La tumba de quien fuera su amigo, Francisco Francole ha regalado poco de notoriedad a ese cementerio civil en el que no se pretende exaltar a sus inertes inquilinos.
El dictador que gobernó como dueño definitivo terminó pequeño a un espacio pequeño, silencioso y casi invisible.
A la salida del cementerio, luego de ocurrir observado con detenimiento los detalles del cripta revestido de mármol enojado, cuatro españoles entran al camposanto y se detienen en el cripta de su izquierda, donde está la tumba de Francisco Francodonde sí hay flores rojas y amarillas y alguna que otra inscripción de loa al difunto dictador castellano cuyo restos fue llevado al Pardo como una especie de destierro póstumo.







