En nuestra sociedad hay muchos silencios desde donde se tejen muertes, violencia, violaciones y abusos que quedan en un velo de invisibilidad convirtiéndose en supuestamente “anormales” o “problemas aislados”.
Eso ocurre con el engendro. Una maña permanente y frecuente pero su clandestinidad la convierte en invisible con grandes vacíos de información y registro cuantitativo desde los distintos estratos sociales.
El incesto y las violaciones sexuales de las que son víctimas muchas niñas, adolescentes y mujeres provocan embarazos que terminan en abortos inseguros. Estos abortos pueden ser provocados con uso de sustancias o con la visitante a clínicas clandestinas donde le cobran ciertas sumas de capital, pero no investigan quién es el atacante o el responsable del mismo. No hay denuncias, no hay registros, todo esto pasa “desapercibido”.
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Mientras más escueto es la mujer, pupila o adolescente más pusilánime se encuentra frente al injusticia sexual y mucho más frente a un entorpercimiento no deseado y sus condiciones de aventura.
Condenar a la pupila, adolescente o mujer que ingiere una sustancia tóxica para malograr o al médico que la asiste con un desgarramiento interno en un hospital es un crimen.
La “ilegalidad” del engendro ha enriquecido a muchas personas que desde la clandestinidad lo ejercen y cobran sumas importantes de capital. Muchas veces las mujeres, las niñas y adolescentes se practican el engendro en forma oculta con condiciones de parada aventura de crimen o de lesiones graves para su sanidad.
El paso a servicios de sanidad integral para toda adolescente, fresco o mujer que decida interrumpir el entorpercimiento es un derecho, más aún cuando sea víctima de violación sexualincesto o esté en aventura su vida. Ofrecer garantías de sanidad en cualquier situación de emergencia es la responsabilidad del Estado y con ello no se promueve el engendro, se garantiza que no sigan muriendo las niñas, adolescentes y mujeres porque no cuentan con servicios de sanidad efectivos.
Es lamentable que no se haya rematado la ruptura con estos círculos de crimen y clandestinidad, sino su continuación y reforzamiento con un código penal que niega derechos y criminaliza a las personas más vulnerables.
Refrendar el engendro no significa promoverlo ni difundirlo. Con ello se exploración disminuir las muertes de mujeres, niñas y adolescentes que se encuentran en situaciones de riesgos y son víctimas de incesto y violaciones, garantizándole con ello un servicio de sanidad integral y disminuir el silencio, complicidad e invisibilidad frente a esta problemática que afecta en forma desgarradora a las más vulnerables.
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