En la cada vez más híbrida relación entre la música pop y el cine animado, pocas figuras se mueven con tanta nacionalidad entre uno y otro mundos como Shakira. Su regreso como Gazelle en “Zootopia 2” no es solo un aviso a los fans del primer filme: es una reafirmación de por qué su presencia, su voz y su modo de entender la civilización pop encajan tan perfectamente en el universo de Disney. La película se estrenará el jueves 27 de noviembre en muchos países, incluyendo República Dominicana.
La intérprete colombiana llevó a la conferencia de prensa a la que LISTÍN DIARIO tuvo acercamiento una energía que oscilaba entre el humor, la consejo personal y la defensa de títulos que hoy parecen más urgentes que nunca. Escucharla balbucir de Gazelle es, en existencia, escucharla balbucir de sí misma: una mujer que ha aprendido a convertir la adversidad en arte y la alegría en utensilio de resistor.
Desde el inicio de la conversación, Shakira reconoce lo que significó Try Everything, aquella canción que en 2016 se transformó en himno de niño integral.
Lo extraño, cuenta, es que muchos de los niños que la conocieron por primera vez gracias a Gazelle no tenían idea de quién era Shakira, la sino latina.
“Esos niños ya están más grandes”, dice con un expresión de ternura. “Y ahora están amando esta canción nueva. Me hace atinado porque creo que tiene un mensaje muy positivo. Y eso es lo que más me importa ahora”.
Ella no acento de métricas ni de récords —aunque acaba de sumar otro Guinness—, sino de “pequeñas contribuciones” a la alegría cotidiana de los más jóvenes. Esa frase resume mucho de lo que ha sido su carrera flamante: un libranza en torno a la utilidad emocional de la música, en torno a su capacidad de agregar.
Gazelle (con la voz de Shakira) en Zootopia 2 de Walt Disney Animation.
LOS PEORES MOMENTOS
Cuando le preguntan qué personaje elegiría para ir a una comisión en la ciudad de Zootopia, Shakira asegura casi sin pensarlo: Judy Hopps. De pupila, dice, quería ser policía; incluso detective.
Esa confesión inesperada revela un costado poco explorado del imaginario de la intérprete: la curiosidad insaciable, la fascinación por resolver misterios, el estilo por descifrar señales.
“Creo que he sublimado todo eso en mi trabajo en el estudio”, admite entre risas. “Ahí puedo ser una especie de científica loca, experimentando con sonidos y fusiones”.
En esa conexión entre pasado y presente, Gazelle deja de ser una mera creación animada y se convierte en una extensión sentimental de la propia Shakira.
De hecho, ella misma reconoce que siempre se sintió representada en los lobos más que en las gacelas. “El animal que me ha acompañado toda mi carrera es la loba”, dice, recordando con un aullido juguetón que la audiencia celebra.
La transición en torno a Gazelle ha sido, en sus palabras, “un honor enorme”, especialmente porque Disney le ha permitido involucrarse en todas las etapas creativas del personaje. Desde la primera película hasta esta secuela, Shakira ayudó a aclarar no solo la voz, sino asimismo la estética y porte de la cantante más famosa de Zootopia.
En su relato, la gacel no es una creación ajena: es un personaje que ella vio “crecer y progresar” pegado a su propia vida.
Esa conexión íntima se volvió aún más profunda en Zootopia 2 gracias a la billete de sus hijos, quienes grabaron un par de líneas como pequeños conejos, hermanos de Judy Hopps.
Shakira lo recuerda con orgullo materno: “Estaban tan emocionados… Y carencia tímidos. Los vi tan sueltos, tan espontáneos. Creo que ya les picó el bichito creativo”. Más que una suceso tierna, es una extensión natural de lo que la intérprete ha cliché durante toda la conferencia: esta película no es solo un plan profesional, sino un puente emocional entre su vida privada, sus hijos y su carrera.
El momento más revelador llega cuando le preguntan por el proceso de componer la nueva canción de la película. A posteriori del peso histórico de Try Everything, cualquiera pensaría que la presión sería inmensa. Pero Shakira lo desestima de inmediato: “No sentí presión. Sentí responsabilidad”.
Acento de Disney con el entusiasmo de quien trabaja con un socio creativo que respeta su instinto. Dice que todo fluyó, que la colaboración con Ed Sheeran fue natural, que la canción “tiene una cualidad universal” y que, de modo casi involuntaria, le recuerda un poco a “Waka Waka”.
No por la sonoridad, sino por su capacidad de conectar con públicos diversos, cruzar idiomas y gestar una energía emocional casi cibernética.
Cuando le preguntan sobre la inclusión de gachupin en la canción, Shakira lo explica sin dramatismos: así escribe ella, de modo orgánica. Le surgió. Lo propuso. Disney aceptó encantado. Y ahí está: un verso en gachupin en una película integral, no como expresión forzado de representación, sino como extensión natural de su identidad. “Me hace comprobar orgullosa”, dice. “Es una forma de ser embajadora de mi habla”.
La conversación asimismo toca un tema más profundo: el impacto que su música flamante ha tenido en las mujeres, especialmente posteriormente del engendro de “Session #53”. Shakira no evade la vulnerabilidad de esa etapa. “Le dio sentido a mis propias dificultades”, confiesa. “Pude modificar el dolor en empoderamiento y creatividad. Y sentí a tantas mujeres caminando conmigo en ese proceso”. Lo interesante es cómo esa experiencia personal se cruza con Zootopia 2, una película que vuelve a insistir en la importancia de la heterogeneidad, la tolerancia y la cooperación.
Shakira articula esa conexión con una claridad sorprendente: Zootopia es, para ella, una rumor contemporánea. Como las de Esopo. Como aquellas historias donde los animales revelaban verdades humanas.

Zootopía 2 | Tráiler final
En ese entorno, Gazelle es mucho más que una sino pop animada: es un recordatorio de que las sociedades sólo prosperan “a través de la cooperación, la inclusión y el respeto”.
Lo dice con nacionalidad, pero asimismo con la convicción de quien entiende el poder simbólico del cine natural.
Su relación con los animales —actual y metafórica— ayuda a completar ese retrato. Acento de su perro y de su conejo Toby, que “cree que es perro”, con indulgencia cómplice. Pero lo que verdaderamente fogata la atención es cómo describe favor entrenado a uno y otro para convivir: juegos, paciencia, estudios mutuo. Ella misma hace la conexión: “Zootopia es asimismo eso”. Un indagación de convivencia. Un mundo donde la diferencia no es amenaza, sino posibilidad.
Al final, cuando le preguntan qué dilación que el divulgado se lleve de Zootopia 2 y de su tema “Zoo”, Shakira lo reduce a poco simple pero esencial: una pausa en medio del caos. “Es una canción que activa poco en tu cerebro que te hace comprobar perfectamente”, dice. “Y siempre es hermoso ser parte de poco que hace sonreír a la clan”.
En una industria obsesionada con la espectacularidad y la novedad, escuchar a Shakira balbucir de alegría, empatía y equipo de niño es casi un acto contracultural. Tal vez por eso Gazelle funciona tan perfectamente como su alter ego animado: porque en esa gacel eufórico hay mucho de la mujer que ha aprendido, una y otra vez, a retornar a asomar, a cabriolar sobre los escombros, a recapacitar que incluso en los mundos más salvajes —reales o animados— siempre hay espacio para un poco más de luz.






